El hallazgo de ocho focos sospechosos de Fusarium Raza 4 Tropical (FOC R4T) en una finca del cantón Santa Rosa, en El Oro, ha encendido las alertas de la cadena bananera ecuatoriana. Aunque el país aún espera la confirmación oficial de Agrocalidad, el riesgo de diseminación acelerada y el potencial impacto sobre exportaciones, empleo agrícola y precios internos se han convertido en preocupación principal. En conversación con Manavisión Plus, el especialista en enfermedades agrónomas, Ignacio Sotomayor, explica por qué Ecuador enfrenta un escenario delicado y qué podría ocurrir si el patógeno se dispersa fuera del área sospechosa.

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-¿Cuál es la situación actual del país frente al Fusarium y qué significa que ya existan ocho focos sospechosos en Santa Rosa?

En este momento no hay un reporte oficial que confirme la presencia del Fusarium Raza 4 Tropical en Ecuador, pero sí contamos con un caso sospechoso que apareció a inicios de septiembre en Santa Rosa, sector El Quemado. En esa finca, que no tenía medidas de bioseguridad adecuadas, hemos identificado ocho focos que suman unos 3.588 metros cuadrados y aproximadamente 1.235 plantas afectadas. Para mí, el hecho de que ya existan ocho focos dentro de una misma área indica que el patógeno pudo haberse establecido allí desde hace más de un año, y eso aumenta el riesgo de dispersión.

-¿Qué tan alto es el riesgo de que el Fusarium (si se confirma) se disemine hacia otras zonas productivas del país?

El riesgo es muy alto, porque este patógeno tiene una diseminación rápida. Cualquier cosa que mueva suelo: el calzado, la maquinaria, las herramientas, incluso animales domésticos, puede trasladar el hongo a otras áreas. En un escenario sin disciplina, el Fusarium puede recorrer varias decenas de kilómetros en poco tiempo. He revisado estudios donde se menciona que puede desplazarse hasta 100 kilómetros dependiendo de las condiciones. Por eso insisto en que la bioseguridad debe aplicarse con absoluto rigor si queremos retardar su avance.

-¿Qué tan complicado es contener este tipo de patógenos?

Es muy complejo. Requiere disciplina absoluta y cumplimiento estricto de las medidas que ha establecido el Organismo Nacional de Protección Fitosanitaria. Yo siempre insisto en que, si no hay rigurosidad, el manejo falla. Por eso se han instalado arcos de desinfección, se utilizan pediluvios, se controlan herramientas, maquinaria y calzado, y se debe trabajar con personal capacitado. Cada punto de ingreso puede convertirse en una vía de dispersión si no se controla bien.

-¿Qué labores agrícolas facilitan, sin querer, la rápida diseminación del Fusarium?

El Fusarium es un hongo del suelo, así que cualquier cosa que mueva tierra lo puede transportar. Puede viajar en el calzado, en la maquinaria agrícola, en herramientas, en animales domésticos e incluso en prácticas culturales mal ejecutadas. Si el calzado no se limpia, el desinfectante no actúa; si la maquinaria entra y sale sin control, también se convierte en vehículo. Por eso el cumplimiento de tiempos, concentraciones y protocolos es fundamental.

-¿Qué tan rápido puede diseminarse la enfermedad una vez que entra a un país?

Por ejemplo, en Colombia apareció en un punto al norte y luego llegó a la zona de Magdalena. Y aun así, desde 2019 no han reportado nuevos focos, justamente porque aplicaron protocolos estrictos. Australia también es un ejemplo: el hongo avanza, pero muy lentamente por el nivel de control que manejan.

-¿Por qué toma tanto tiempo confirmar si el caso sospechoso realmente es Fusarium o no?

Confirma un diagnóstico toma tiempo porque no basta con un solo análisis. Se requieren pruebas moleculares y cultivos artificiales, y además se envían muestras a laboratorios acreditados en el exterior. Todo este proceso puede tardar entre tres y cuatro semanas o más, dependiendo de la carga de trabajo y de la necesidad de validar resultados. Es preferible demorar un poco, pero tener un diagnóstico correcto y sin margen de error.

-¿Qué significa que hayan pasado dos meses y medio sin confirmación oficial?

El tiempo no significa desatención; son los plazos normales para este tipo de diagnósticos. Yo recuerdo un caso anterior en Ecuador, sobre un virus, donde se generó discusión pública y al final la confirmación oficial llegó desde un laboratorio internacional, semanas después, ratificando que no existía el virus. Con Fusarium debe ser igual: el pronunciamiento tiene que ser técnico, preciso y respaldado.

-¿Cuál sería el impacto inmediato para Ecuador si una enfermedad de este tipo se dispersa fuera de Santa Rosa?

Si el patógeno se expande, el primer impacto sería en la exportación bananera, porque la enfermedad reduce la vida útil de las plantaciones y exige renovaciones frecuentes. Ecuador exportó cerca de 3.500 millones de dólares en banano el año pasado; cualquier reducción de área productiva afecta directamente el volumen exportable, la competitividad y la disponibilidad para cumplir contratos internacionales.

-¿Cómo afectaría al empleo agrícola en las provincias bananeras?

El sector bananero sostiene decenas de miles de empleos directos y muchos más indirectos. Si comienza la pérdida acelerada de hectáreas productivas, las fincas afectadas reducirán su personal, y eso golpeará a las familias que dependen del trabajo en campo, empaque, transporte y servicios asociados. Cuando una plantación deja de producir por Fusarium, la recuperación no es inmediata: el hongo permanece en el suelo por años, lo que implica estancamiento laboral en toda la zona.

-¿De qué manera podría sentir el ciudadano común esta situación, en los precios internos del banano, en la reducción de la producción del plátano?

El ciudadano común lo sentiría en el bolsillo. Ya lo vivimos con el Moko bacteriano en plátano : subieron los precios porque cayó la producción. Si el Fusarium se expande, podría ocurrir lo mismo: menos oferta, precios más altos y, en ciertos momentos, escasez. El plátano es un elemento básico en la dieta ecuatoriana y el banano también influye en el mercado local aunque su destino principal sea la exportación. Cualquier reducción significativa en la producción se traduce en precios más altos para la gente.

-Si se confirma la presencia del hongo, cómo se mide el daño económico en el mediano plazo?

Se mide en tres líneas:

  1. Exportaciones: menos volumen, pérdida de mercados y menor ingreso de divisas.

  2. Empleo: caída en la contratación, sobre todo en El Oro, Los Ríos, Guayas y Santo Domingo.

  3. Costos internos: mayores gastos para las fincas en bioseguridad, renovación de material, análisis y manejo integrado, lo que también termina reflejándose en precios.