El fenómeno de El Niño ya es oficial. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmó este jueves 11 de junio su desarrollo en el océano Pacífico tropical y emitió una alerta climática ante la posibilidad de que el evento se fortalezca de manera significativa durante la segunda mitad de 2026. El organismo señala que las condiciones actuales apuntan a un escenario de alta intensidad hacia finales de año.

Según las previsiones de la agencia, existe un 63 % de probabilidades de que las temperaturas superficiales del mar en una de las principales zonas de monitoreo del Pacífico superen los 2 °C por encima de lo normal durante el otoño boreal. Si ese umbral se alcanza, la NOAA clasificaría el evento como un Niño "muy fuerte".

Calentamiento progresivo del Pacífico activa la alerta

El anuncio llega tras varios meses de calentamiento progresivo de las aguas ecuatoriales del Pacífico, una señal que los científicos consideran clave para la formación de este fenómeno climático. Los modelos de predicción indican que las condiciones actuales avanzan hacia un escenario de alta intensidad en los meses siguientes.

El fenómeno de El Niño corresponde a la fase cálida de la Oscilación del Sur del Niño (ENSO), un patrón climático que influye en las condiciones meteorológicas de amplias regiones del planeta. La NOAA considera que el fenómeno queda establecido cuando la temperatura superficial del océano en el Pacífico ecuatorial se mantiene al menos 0,5 °C por encima del promedio durante varios meses consecutivos.

Qué es y cómo actúa el fenómeno de El Niño

Además de la temperatura del mar, los especialistas observan cambios en la llamada circulación de Walker, un sistema de vientos que normalmente desplaza aire desde el este hacia el oeste del Pacífico. Cuando ese patrón se debilita y las aguas cálidas avanzan hacia la costa occidental de Sudamérica, el fenómeno queda plenamente establecido y sus efectos se propagan a escala regional y global.

El fenómeno de El Niño confirmado altera las corrientes oceánicas y la atmósfera, lo que provoca extremos climáticos severos. En la región ecuatoriana, esto genera intensas lluvias, inundaciones y desbordamientos de ríos, además de un aumento en la temperatura del mar que perjudica la pesca. En otras partes del continente, en cambio, predominan las sequías extremas.

Ecuador activa alertas en 17 provincias

Actualmente, 17 provincias de Ecuador permanecen en alerta amarilla ante la evolución del fenómeno de El Niño. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos emitió lineamientos para que los gobiernos autónomos descentralizados elaboren y actualicen sus planes de respuesta frente a posibles emergencias en el territorio.

De acuerdo con registros históricos, el fenómeno de El Niño ha provocado distintos efectos en el país. Entre ellos constan cambios en los patrones de lluvia, incremento de precipitaciones en algunas zonas y períodos de sequía en otras regiones. Las autoridades insisten en la importancia de la planificación temprana como principal herramienta de reducción del riesgo.

Provincias incluidas en la alerta amarilla

  • Azuay.
  • Bolívar.
  • Cañar.
  • Carchi.
  • Chimborazo.
  • Cotopaxi.
  • El Oro.
  • Esmeraldas.
  • Galápagos.
  • Guayas.
  • Imbabura.
  • Loja.
  • Los Ríos.
  • Manabí.
  • Pichincha.
  • Santa Elena.
  • Santo Domingo de los Tsáchilas.

Amenazas climáticas y ambientales confirmadas

-Precipitaciones extremas: Lluvias fuertes y continuas que elevan el riesgo de inundaciones, deslaves y daños en carreteras y zonas vulnerables.

-Impacto agrícola: Los excesos de agua y la alteración de la temperatura pueden pudrir cultivos o cambiar los ciclos de cosecha, con el consiguiente aumento en los precios de los alimentos.

-Enfermedades tropicales: El estancamiento de aguas y el aumento del calor propician la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue o el paludismo. 

Mientras avanzan los monitoreos, el fenómeno de El Niño continúa bajo observación por su potencial impacto en sectores como la agricultura, la infraestructura, los recursos hídricos y la gestión de riesgos en Ecuador. Las autoridades enfatizan que la respuesta coordinada entre los niveles de gobierno resulta determinante para reducir el daño en las comunidades más vulnerables del país.