En sus mejores años, el correísmo funcionó como una maquinaria disciplinada y monolítica . Hoy esa maquinaria atraviesa uno de los momentos de mayor exposición pública de sus tensiones internas. Los trapos sucios ya no se lavan en casa y las peleas entre figuras de alto perfil revelan un movimiento inmerso en luchas internas.
La chispa se encendió cuando Luisa González, presidenta de la Revolución Ciudadana (RC) y excandidata presidencia l, afirmó que “muchas autoridades no deberían repetir como candidatos” en 2026. Lo dijo con cautela, prometiendo no dar nombres “para no generar conmociones”. Pero la contención duró poco. En una entrevista con La Posta terminó apuntando directamente a Marcela Aguiñaga, prefecta del Guayas, insinuando que no respaldaría su reelección bajo el paraguas de la RC. La alusión, lejos de pasar inadvertida, movió rápidamente el tablero interno.
Aguiñaga, desde su agenda territorial, fue seca y pragmática: “ Estoy dedicada a trabajar, no a polémicas”, dijo. Aseguró que sí aspira a la reelección y que lo hará dentro del movimiento que “la apadrinó” y que ella ayudó a construir. La prefecta no entró en el juego de elevar la tensión, pero dejó claro que su capital político tiene vida propia.
Álvarez respondió en su estilo frontal: reconoció que nunca ha sido parte orgánica de la RC y que su vínculo político se limita a su relación personal con el expresidente Rafael Correa. “No ha dicho mentiras”, afirmó. Y añadió una frase que resonó como advertencia: “Le recomiendo que se tranquilice, porque, a la interna de la RC, lo único que genera es más rechazo”. Luego bajó el tono, enviándole “un abrazo” a González y asegurando que no habrá ruptura, aunque dejó entrever que su proyecto político no depende del movimiento.
En medio de esta tormenta interna, surgió la voz del líder de siempre. Rafael Correa, consultado en una entrevista por el asambleísta Xavier Lasso, calificó las declaraciones de González como “inoportunas”. Recordó que las candidaturas en la RC no se definen por afinidad, sino por estrategia y encuestas. Fue enfático al respaldar a Aguiñaga -a quien definió como “una gran ejecutiva y gestora”- y también al alcalde Álvarez, de quien dijo tener “el más alto concepto”.
Su intervención buscó ordenar la casa, pero también mostró un hecho inédito: ya no basta con que el expresidente hable para que el movimiento cierre filas. La disciplina vertical que caracterizó a la RC durante sus años en el poder luce hoy más porosa . Las declaraciones cruzadas evidencian que el correísmo ya no es aquel bloque inquebrantable, sino un organismo que acumula tensiones propias del desgaste y de la disputa por espacios de poder.
La crisis ocurre, además, en un contexto en el que la RC intenta recomponer su imagen y proyectarse como alternativa para 2026. Pero las diferencias entre sus liderazgos muestran un movimiento que, aunque todavía con enorme peso electoral, enfrenta una lucha interna por definir quiénes serán los portadores de su futuro y quiénes ya cumplieron su ciclo.
La Revolución Ciudadana, nacida como un proyecto rupturista y disciplinado, se encuentra hoy mirando su propio espejo: el correísmo ya no es el mismo, y sus batallas internas empiezan a escribirse a la vista de todos.
