Desde 2011, Stalin González (60) lidera jornadas de limpieza submarina en el "brazo corto" del muelle de Jaramijó, Manabí. Junto a sus tres hijos, se sumerge movido por un propósito claro: reducir la contaminación que amenaza la vida silvestre y a quienes, como ellos, practican natación y buceo.
Cada fin de semana, la familia se coloca sus equipos de buceo y desciende hasta cuatro metros de profundidad. No buscan tesoros, sino los restos del descuido humano: botellas de vidrio rotas, latas de cerveza y peligrosos aparejos de pesca como trasmallos y plásticos.
"Si no vienen a limpiar, al menos no ensucien", resume Stalin, con la contundencia de quien ha visto de cerca el daño.
Toneladas de esfuerzo voluntario
En una jornada regular, retiran entre 20 y 30 libras de desechos. Sin embargo, hay días de retos mayores. En una ocasión, extrajeron un trasmallo de unas 200 libras que yacía enterrado. "Son como telarañas en el mar; trampas invisibles para peces y tortugas", explica.
Su labor también ha evitado desastres químicos. Tras el hundimiento de una embarcación, recuperaron cuatro motobombas de aluminio que filtraban aceite al agua. Las sacaron a la superficie para ser gestionadas como chatarra, frenando una contaminación inminente en la zona turística.
El declive de un ecosistema
Stalin recuerda que, tras la construcción del muelle en 2012, era común ver tortugas marinas, peces globo y peces loro. Con los años, la basura transformó el paisaje. El hallazgo de tres tortugas muertas por ingesta de plástico marcó un antes y un después para la familia.
Además del riesgo ambiental, la basura es un peligro para los humanos. El agua turbia oculta botellas rotas que causan heridas y redes que pueden enredar a los practicantes de apnea, convirtiendo el deporte en un riesgo mortal.

Un ejemplo que contagia
Lo que empezó como una iniciativa familiar ha empezado a generar eco. Otros nadadores, al ver los escalones del muelle cubiertos de basura extraída, han comenzado a sumarse de forma espontánea. Incluso comerciantes locales colaboran recolectando las latas para reciclaje.
Stalin, oriundo de Ambato pero radicado en Manta, no recibe remuneración alguna. Para él, limpiar el mar es tiempo de calidad con sus hijos y una lección de vida: enseñar con el ejemplo.
Hoy, el brazo corto de Jaramijó luce más limpio. Aunque los desechos persisten, la cantidad ha disminuido drásticamente gracias a esta constancia. La historia de los González demuestra que no se necesitan grandes presupuestos para generar cambios visibles; solo hace falta compromiso y un par de aletas.