A sus 92 años, Luis Marantón Poveda no habla del pasado con nostalgia, sino con energía. Nació un 20 de enero en la parroquia Pedro Pablo Gómez, Jipijapa, y se crió en el sector El Achiote, en la zona rural de Portoviejo. "Cumplí 92", dice con una sonrisa que no es de resignación, sino de desafío.
Perdió a su padre cuando tenía apenas dos años. Desde entonces, su mundo fue su madre y sus cinco hermanos. "Yo me dedicaba a sembrar, a ayudarla", recuerda. No era una ayuda simbólica: a los cinco años ya molía caña para extraer la raspadura, pues en esos tiempos no había azúcar ni dinero. Su infancia fue trabajo, pero también una lección de supervivencia.
El niño y la pelota de fútbol
El primer contacto con el dinero llegó a los ocho años cuando le pagaron por un trabajo. A esa misma edad comenzó su otra gran historia: el fútbol. No había pelotas ni zapatos; él mismo fabricaba los balones con caucho y medias. Jugaba en cualquier sitio donde hubiera espacio y, a pesar de su corta edad, ya competía contra los más grandes. Jugó hasta los 90. Más de ochenta años detrás de una pelota.
Fue arquero en el fútbol y marcador en el índoor. "Buen arquero", afirma sin falsa modestia. Recorrió canchas en Quevedo, Santo Domingo, Portoviejo y otros rincones. Los partidos tenían apuestas y a veces terminaban en discusiones. La pelota de entonces, pesada y dura, hacía que cada atajada doliera, pero él resistía.
Su último campeonato fue en El Achiote, en un torneo de "cincuentones". Tenía casi 90 años y jugaba de marcador. Hoy ya no lo inscriben por la edad, algo que él protesta: "Yo le pago al mejor jugador joven que me haga un gol, yo marcando". Para él, el secreto no es la fuerza ni la velocidad, sino la sabiduría: "Hay que saber marcar, estar bien ubicado".
Las enfermedades, el doctor y su remedio
Luis asegura que casi nunca se enferma. Si una gripe asoma, dice que la espanta con un trago de currincho. Se acuesta a las diez u once de la noche y a las cuatro de la mañana ya está de pie, listo para sacar a las vacas del corral. "No siento cansancio, nada", afirma. Sus hijos lo han llevado al médico, pero, según cuenta, el doctor le dijo que está impecable. "Más enfermo está el médico que yo", bromea.
Tiene diez hijos —ocho varones y dos mujeres— y todos heredaron su pasión por el deporte; sus nietos y nietas también juegan. Vive rodeado de su familia, con cada uno de ellos viviendo cerca, compartiendo trabajo y rutinas. Habla con orgullo de sus descendientes: "No son malcriados con nadie, son buenas personas". Luis Marantón Poveda vive con su familia en sitio San Andrés de la parroquia Alhajuela de Portoviejo.
Cuando mira hacia atrás, no romantiza la pobreza. Recuerda que no había zapatos, ni servicios básicos, ni colchones. Pero tampoco se queda en la queja. Para él, el deporte no es solo competencia: es salud, disciplina y carácter.
A los 92 años, Luis Marantón Poveda no cuenta el tiempo en calendarios, sino en partidos jugados. Y aunque ya no lo inscriban en campeonatos, su mirada sigue fija en la cancha, esperando que alguien le pase la pelota una vez más.