El 5 de junio de 2002, el barco pesquero Jorge IV zarpó desde el puerto de Manta con 18 tripulantes a bordo y una previsión de retorno de 20 días. La embarcación nunca regresó. A casi 24 años de la desaparición, familiares de los pescadores continúan recordando a sus seres queridos y mantienen viva la búsqueda de respuestas sobre lo ocurrido en alta mar.

La historia del Jorge IV permanece grabada en la memoria de decenas de familias de Manta y Jaramijó. La mayoría de los tripulantes pertenecía a la parroquia Los Esteros, una comunidad estrechamente vinculada a la actividad pesquera.

Entre quienes conservan intactos los recuerdos están Solanda Vera, madre de Tairon Santana Vera, y Doris Bailón, hermana de Ramón Efrén Bailón Veliz. Ambas han aprendido a convivir con la ausencia, aunque reconocen que hay fechas en las que el dolor vuelve con fuerza.

Cada año, cuando se acerca el aniversario de la desaparición, los recuerdos regresan. Las fotografías, las conversaciones familiares y los lugares que compartieron se convierten en una forma de mantener presentes a quienes nunca volvieron a casa.

La madre que aún recuerda la última despedida

En una vivienda ubicada en el centro de Jaramijó vive Solanda Vera. Han pasado más de dos décadas desde la última vez que vio a su hijo Tairon, pero los detalles de aquella despedida permanecen claros en su memoria.

Cuando habla de él, intenta mantener la serenidad. Sin embargo, en varios momentos debe hacer pausas para contener las lágrimas.

Recuerda que a Tairon le gustaban las reuniones sencillas. En los cumpleaños prefería compartir con su familia antes que organizar grandes celebraciones. Su comida favorita era el seco de pollo y siempre esperaba que hubiera torta en las fechas especiales.

Solanda cuenta que, como madre, soñaba con que su hijo continuara estudiando. Sin embargo, la pesca terminó convirtiéndose en su actividad laboral, como ocurrió con muchos jóvenes de la zona costera.

Tairon era uno de los cuatro hijos varones de la familia. Dos de sus otros tres hermanos también estuvieron vinculados a la pesca artesanal e industrial.

Solanda recuerda que antes de salir, Tairon le dejó dinero para cubrir algunos gastos domésticos. También llevó regalos para sus sobrinos. Uno de ellos recibió útiles para colorear.

La madre recuerda que preparó su equipaje. Después le dio la bendición. 

Aquella despedida se convirtió en la última imagen que conserva de su hijo.

Cuando la espera se transformó en incertidumbre

La embarcación partió el 5 de junio de 2002. Según los testimonios de los familiares, durante los primeros días existieron algunas comunicaciones con personas que se encontraban a bordo.

Posteriormente dejaron de existir noticias.

Las familias esperaron el tiempo habitual de retorno. Los viajes de pesca industrial podían extenderse por varias semanas, por lo que inicialmente no sospecharon que algo extraordinario hubiera ocurrido.

Sin embargo, cuando la fecha prevista para el regreso se cumplió y el barco no apareció, comenzaron las preocupaciones.

Solanda recuerda que familiares y amigos acudieron a distintas instituciones para solicitar información.

Primero buscaron respuestas en la Capitanía del Puerto. Luego acudieron a otras entidades públicas. Con el paso de los días, la preocupación se transformó en una búsqueda permanente.

Según relata, las familias también recibieron el apoyo de dirigentes comunitarios y de representantes de organismos de derechos humanos que impulsaron gestiones para obtener información sobre el caso.

A pesar de los años transcurridos, Solanda asegura que la ausencia sigue presente.

Cuando llegan fechas como el Día de la Madre, la Navidad o el cumpleaños de Tairon, los recuerdos regresan con intensidad.

"Para una madre, el dolor es hasta la eternidad", expresa.

La hermana que asumió la búsqueda

A pocas cuadras de allí, Doris Bailón también revive los acontecimientos de junio de 2002.

Su hermano, Ramón Efrén Bailón Veliz, formaba parte de la tripulación desaparecida.

Doris era la mayor de seis hermanos y recuerda que, tras conocerse la desaparición de la embarcación, asumió junto con otros familiares la tarea de recorrer oficinas e instituciones en busca de respuestas.

Las jornadas incluían visitas a entidades públicas, reuniones y consultas permanentes para conocer si existían novedades sobre el paradero de los pescadores.

Regresar a casa sin información era una situación que se repetía constantemente.

"Era muy duro", recuerda.

Con el paso de los años, la familia aprendió a convivir con la incertidumbre. Sin embargo, la desaparición continúa ocupando un espacio permanente en la vida familiar.

Un cumpleaños marcado por la ausencia

Para la familia Bailón existe una coincidencia que vuelve más significativa la fecha.

El día en que Efrén partió al mar también era el cumpleaños de su madre.

Desde entonces, cada celebración familiar está acompañada por el recuerdo del pescador desaparecido.

Doris relata que su hermano tenía 33 años, era esposo de Verónica Espinal y padre de dos niñas.

Lo describe como una persona cercana a su familia y pendiente de sus seres queridos. Dice que tenía la costumbre de pasar por la casa de su madre antes de emprender cualquier viaje.

La noche del 5 de junio de 2002 también lo hizo.

Según recuerda, él llegó para despedirse antes de abordar el transporte que lo llevaría al puerto de Manta.

Ella le pidió que permaneciera un poco más tiempo en casa. Sin embargo, Efrén decidió continuar con el itinerario previsto.

Esa escena permanece intacta en su memoria.

Cada aniversario de la desaparición revive aquella despedida.

Veinticuatro años después

A lo largo de los años han circulado distintas hipótesis sobre lo ocurrido con el Jorge IV. Algunas versiones apuntaron a un posible hundimiento de la embarcación y otras mencionaron la posibilidad de una intervención externa.

Sin embargo, los familiares coinciden en un punto: nunca recibieron una explicación definitiva sobre lo sucedido.

Durante las labores de búsqueda únicamente se reportó el hallazgo de algunos objetos relacionados con la embarcación, entre ellos un chaleco salvavidas y un cilindro de gas.

Para las familias, la principal deuda sigue siendo el esclarecimiento de los hechos.

Cada 5 de junio se realizan actos religiosos y encuentros familiares para recordar a los pescadores desaparecidos.

Las lágrimas aparecen nuevamente cuando se evocan los nombres, las historias y los proyectos que quedaron inconclusos.

Solanda recuerda a Tairon como un joven cariñoso que ayudaba en las tareas del hogar. Doris recuerda a Efrén como un hombre dedicado a su familia y a sus hijas.

Ambas coinciden en que el tiempo les ha enseñado a convivir con la ausencia. Sin embargo, también reconocen que hay heridas que no terminan de cerrar.

Mientras las fotografías permanecen en las paredes de sus hogares y los recuerdos continúan presentes en las conversaciones familiares, las dos mujeres mantienen viva la memoria de quienes abordaron el Jorge IV aquella noche de junio de 2002 y nunca regresaron.

La desaparición de los 18 tripulantes continúa siendo uno de los episodios más recordados por las comunidades pesqueras de Manta y Jaramijó, donde familiares y amigos siguen evocando sus historias veinticuatro años después.

La tripulación

La nómina de la tripulación desaparecida del pesquero Jorge IV.

Jorge Luis patrón Anchundia

Rodrigo Rodríguez Mendoza

Jhonny Justino Santana Mero

Wilmer Rivera Intriago

Mario Anchundia Saltos

Agapito Mero Santana 

Juan Carlos Mero Delgado

Gilber Macías Velásquez 

Manuel Enrique Alarcón

Enrique Delgado 

Nolberto Ismael Delgado

Ramón Efrén Bailón

Tairon Santana Vera

José Never Alvarado Quijije 

Ángel Alcivar Rivas

Joffre Ávila Ureta

Luis Quijije Cuzme

José Enrique López 

Otros casos de  barcos desaparecidos

Las desapariciones de las embarcaciones pesqueras Patricia Lynn y Fiorella,también  continúan sin resolverse y mantienen en la incertidumbre a familiares de 29 pescadores que desaparecieron en el mar.

El Patricia Lynn, de bandera colombiana, desapareció la madrugada del 22 de diciembre de 2024 a unas 34 millas náuticas de las costas de Manta. La embarcación había zarpado un día antes con 21 tripulantes a bordo, de quienes no se volvió a tener noticias.

Más de un año después, el caso del Fiorella volvió a poner en evidencia los riesgos que enfrentan los pescadores. La embarcación artesanal salió de Manta el 11 de enero de 2026 a faenas de pesca. Diez hombres iban a bordo, pero dos lograron regresar tras separarse de la nave. Los ocho restantes desaparecieron luego de perder comunicación el 20 de enero, cuando se encontraban a unas 260 millas náuticas de la costa.

En ambos casos, las familias continúan exigiendo respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. La búsqueda de los ocho pescadores del Fiorella llegó incluso a instancias internacionales, donde el Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas solicitó medidas urgentes al Estado ecuatoriano para impulsar acciones de localización e investigación.