Mientras las remesas baten récords y sostienen a miles de hogares en Ecuador, crece la preocupación por el futuro.
Al cierre de 2025, Ecuador recibió USD 7.729 millones en remesas, un incremento del 18,2 % frente a 2024 y un monto equivalente a cerca del 6 % del Producto Interno Bruto (PIB). La tendencia todavía se mantiene.
Aumentos en remesas ya suman nueve trimestres
De acuerdo con el Banco Central del Ecuador (BCE), durante el primer trimestre de 2026 ingresaron USD 1.856,8 millones, un 7,7 % más que en el mismo período del año anterior.
Con este resultado, las remesas acumulan nueve trimestres consecutivos de crecimiento, aunque a un ritmo menor que el registrado en 2025.
Como ocurre desde hace varios años, Estados Unidos continúa siendo el principal origen de estos recursos. Entre enero y marzo llegaron USD 1.441 millones, equivalentes al 77,6 % del total recibido. Le siguen España, con USD 264,8 millones, e Italia, con USD 34,6 millones.
Un salvavidas para miles de hogares
Las remesas se han convertido en uno de los principales motores del consumo en Ecuador. Miles de familias utilizan estos recursos para cubrir gastos de alimentación, educación, salud, vivienda e incluso pequeños emprendimientos.
Durante el primer trimestre de 2026, el dinero enviado por los migrantes incluso superó ampliamente a la Inversión Extranjera Directa (IED), que alcanzó USD 431,5 millones, reflejando el peso que tienen estos ingresos en la economía nacional. Sin embargo, los economistas coinciden en que las remesas no sustituyen la inversión productiva, necesaria para generar empleo y sostener el crecimiento económico en el largo plazo.
El otro rostro
Para el analista económico Francisco Zalles, el crecimiento de las remesas no debe interpretarse únicamente como una buena noticia.
A su criterio, el incremento también refleja la incapacidad del país para generar suficientes oportunidades laborales, obligando a miles de ecuatorianos a buscar empleo en el exterior. Aunque reconoce que el consumo financiado con remesas dinamiza la economía, sostiene que Ecuador necesita atraer más inversión privada para reducir su dependencia de estos ingresos y evitar que la migración siga siendo la principal alternativa para muchos trabajadores.
Pese al crecimiento observado durante el inicio de 2026, varios especialistas consideran que el panorama podría cambiar. Las proyecciones apuntan a que el flujo de dinero podrían reducirse entre 6 % y 8 % durante este año, luego del extraordinario incremento registrado en 2025.
Entre los factores que generan preocupación figuran el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, el aumento de las deportaciones, un impuesto del1 % sobre ciertas remesas enviadas desde ese país y un mercado laboral cada vez más complejo para los migrantes, especialmente quienes no cuentan con documentación regular.
¿Qué pasaría si las remesas caen?
Una eventual caída de las remesas afectaría directamente el consumo de miles de hogares, especialmente en provincias con alta tradición migratoria como Azuay, Cañar, Tungurahua, Guayas y Pichincha.
El sociólogo Juan Casilla, especialista en movilidad humana, recuerda en una nota del diario La Hora, que estos recursos funcionan como una especie de red de protección social para muchas familias.
Cuando ese dinero deja de llegar, explica, los hogares suelen reducir gastos en alimentación, salud y educación, deteriorando rápidamente su calidad de vida. Además, advierte que las restricciones migratorias no solo afectan a quienes intentan ingresar a Estados Unidos, sino también a quienes ya viven allí y enfrentan mayores dificultades para trabajar y enviar dinero a sus familias.
El crecimiento de las remesas confirma el enorme esfuerzo de los ecuatorianos que viven en el exterior y el papel fundamental que desempeñan en la economía nacional. Pero también deja al descubierto una realidad incómoda: buena parte del bienestar de miles de hogares depende de factores externos sobre los que Ecuador tiene poco control.
Si las condiciones para los migrantes se deterioran en los principales países de destino, el impacto no solo se sentirá en las familias que reciben esos recursos, sino también en el consumo, el comercio y la economía nacional, señalan los especialistas