Lachlan Lindsay (ahora estudiante universitario) y su prima Hazel Dempster (16 años) enfrentan desde la infancia tumores cerebrales que no pueden ser extirpados quirúrgicamente por su delicada ubicación. Diagnosticados con años de diferencia en distintas ciudades de Escocia —Stonehaven y Kirkcudbright—, ambos describen la situación como "mala suerte" sin vínculo genético conocido.

A pesar de cirugías, quimioterapia y limitaciones, mantienen una vida activa, bromean sobre su realidad y han fortalecido su relación precisamente por compartir una experiencia que nadie más en su entorno comprende.

Los primos

Cuando Lachlan Lindsay tenía 8 años, los médicos detectaron un glioma de la placa tectal, un tumor benigno pero raro en la región del cerebro que controla movimientos oculares y otros procesos. El diagnóstico llegó tras un leve estrabismo y dolores de cabeza intensos ocasionales. Una tomografía confirmó la masa y la hidrocefalia (acumulación de líquido) que ponía en riesgo su vida.

Al día siguiente fue trasladado de urgencia al antiguo Hospital Infantil de Edimburgo, donde le colocaron un drenaje para aliviar la presión intracraneal. La cirugía fue exitosa y, aunque el tumor permanece inoperable, Lachlan se recuperó bien y hoy cursa su primer año en la Universidad de Aberdeen. Prefiere no pensar constantemente en él: "Intento no darle vueltas", explica.

En el 2019

Seis años después, en 2019, su prima menor Hazel Dempster —entonces de 12 años— comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza. Su médico de cabecera ordenó una resonancia magnética. Antes del examen, Lachlan la llamó para tranquilizarla y bromeó: "Imagínate si ambos tuviéramos un tumor cerebral".

Días después, Hazel fue sometida a una neurocirugía de emergencia en el Royal Hospital for Children de Glasgow para drenar líquido cefalorraquídeo causado por un tumor más grande que una pelota de golf.

Diagnósticos y tratamiento0

Hazel padece un astrocitoma pilocítico del quiasma óptico, un tumor de crecimiento lento que presiona el nervio óptico y afecta la visión. Ha pasado por siete cirugías en total, quimioterapia intravenosa extenuante con severos efectos secundarios —dolor nervioso que le impedía caminar bien y sentir dedos, como llevar "guantes de invierno grandes todo el tiempo"—, y actualmente recibe quimioterapia oral diaria.

Su sistema inmunitario debilitado le impidió muchas actividades infantiles normales: "En una fiesta de cumpleaños con trampolines tuve que quedarme en la cafetería", recuerda.Lachlan vive con su glioma tectal, controlado pero inoperable. Ambos aceptan que los tumores forman parte de su vida: "Es como mi brazo, mi pierna... mi tumor cerebral", dice Hazel.

"No es un gran problema, es simplemente parte de mí".No hay evidencia de que sus casos estén genéticamente relacionados; ellos lo atribuyen a "mala suerte". La probabilidad de que dos primos sufran tumores cerebrales es, según ellos mismos, "minúscula".

Resilencia y vida cotidiana

A pesar de las limitaciones, ambos llevan vidas plenas. Hazel destaca en sus exámenes escolares, es líder en su tropa Scout y recibió el premio Héroe Anónimo del Jefe Scout por su actitud y participación en campamentos, donde toma medicamentos en una tienda de campaña sin considerarlo "especial": "Es simplemente mi vida, cómo hago las cosas".Tras años sin poder viajar por citas médicas, el verano pasado la familia de Hazel realizó un ambicioso viaje en tren por Europa.

Lachlan, por su parte, se enfoca en sus estudios universitarios y evita dramatizar su condición.El humor es un mecanismo constante: "Solo bromeamos al respecto", admite Hazel. "No sé si es defensa, pero así lo llevamos".