La Policía y la Fiscalía iniciaron las investigaciones para esclarecer el asesinato del sacerdote Maximiliano Estupiñán, de 64 años, cuyo cadáver fue hallado en su vivienda ubicada en la parroquia de Guayllabamba, al nororiente de Quito. El hecho ha generado una conmoción en la comunidad católica y en la Arquidiócesis de Quito, organismo que ya ha solicitado una intervención oportuna y transparente para identificar a los responsables.
El cuerpo del sacerdote fue descubierto por un trabajador de la vivienda, quien arribó al inmueble y visualizó el cadáver tendido en la zona del patio. Según declaraciones de Fernando Morocho, oficial de policía del Distrito Calderón, el testigo alertó de inmediato a las unidades de socorro al percatarse de evidentes rastros de sangre y signos de violencia en el lugar.
Apuntan a que se trató de un asalto
Aunque inicialmente se reportó que el fallecimiento pudo deberse a un golpe contundente que desfiguró su rostro, familiares de la víctima señalaron posteriormente que el párroco presentaba un impacto de proyectil de arma de fuego a la altura de la sien. Liria Gordillo, sobrina del fallecido, confirmó que recibieron la noticia cerca de las 19h00 horas del lunes 23 de marzo.
La principal línea de investigación que manejan las autoridades y los allegados es el robo con resultado de muerte. De acuerdo con los testimonios recogidos en la parroquia San Juan Bautista de Cotocollao, donde se realizaron las honras fúnebres, se presume que el padre Estupiñán sorprendió a desconocidos mientras sustraían pertenencias del inmueble.
Entre los objetos reportados como robados constan un teléfono celular, un reloj, una pulsera, una computadora portátil antigua y la suma de 200 dólares en efectivo. "Lo mataron por eso", lamentó Gordillo en medio del pesar por la pérdida de su familiar.
Sacerdote estuvo en varias parroquias en Quito
Maximiliano Estupiñán era reconocido por su carácter sencillo y su extensa labor pastoral en diversas localidades rurales de la capital. A lo largo de su vida ministerial, se desempeñó como párroco en Tababela, Nono y Juan Montalvo, además de fungir como capellán en Guayllabamba. Recientemente, centró su obra social en el sector de Casitagua.
Feligreses como Sandra Andagama recordaron al sacerdote por su desprendimiento material y su enfoque en ayudar a los más necesitados. Ante este escenario, la Arquidiócesis de Quito emitió un comunicado oficial exigiendo justicia y celeridad en el proceso judicial, mientras la Policía continúa con el levantamiento de indicios y la revisión de cámaras de seguridad en el sector para dar con el paradero de los atacantes.