La pérdida de cobertura vegetal, la expansión urbana y la tala de árboles están generando preocupación en Manabí por sus efectos sobre el ambiente, la biodiversidad y la seguridad de las poblaciones asentadas en zonas vulnerables. Kevin Japón, presidente de la Sociedad por la Biodiversidad de la Costa (SBC), explicó en entrevista con Manavisión Plus que esta problemática no es reciente, sino que responde a un proceso acumulado desde la reforma agraria, cuando amplias zonas de la Costa fueron transformadas para actividades agrícolas y posteriormente para el crecimiento de las ciudades.
Según Japón, Manabí conserva pocos bosques primarios y gran parte de su territorio está conformado por pequeños remanentes o áreas en regeneración. Advirtió que la pérdida de estos espacios avanza a una velocidad preocupante, especialmente en sectores donde la presión por cultivos, asentamientos humanos y obras urbanas reduce la vegetación natural. El representante de la SBC señaló que la provincia figura entre las más propensas a procesos de desertificación, una condición que preocupa a los especialistas por sus efectos a mediano y largo plazo.
Japón indicó que la creación de la SBC responde precisamente a la necesidad de generar educación, investigación y asesoría técnica en temas de conservación, regeneración urbana y reforestación. La organización, integrada por biólogos y profesionales vinculados a las ciencias biológicas, también elabora reportes sobre zonas amenazadas y brinda acompañamiento a instituciones o comunidades que buscan intervenir espacios naturales sin afectar su equilibrio ecológico.
Portoviejo y otras zonas bajo presión
Entre los puntos críticos mencionados por Japón constan Pacoche, la Ruta del Spondylus y varias zonas de Portoviejo. En el caso de la capital manabita, la SBC trabaja en un informe sobre el impacto que genera la eliminación de árboles y plantas en las colinas que rodean la ciudad. Según explicó, estas áreas cumplen una función clave porque ayudan a retener agua, estabilizar suelos y reducir el arrastre de lodo durante las lluvias intensas.
El especialista sostuvo que cuando las colinas son deforestadas aumentan los riesgos de inundaciones, deslizamientos y afectaciones a viviendas ubicadas en zonas de pendiente. También advirtió que algunas familias se asientan en espacios previamente intervenidos, lo que incrementa su exposición frente a eventos climáticos. En ese contexto, Japón recordó que la pérdida de vegetación no solo afecta a los ecosistemas, sino también a la seguridad de las personas.
Uno de los datos citados durante la entrevista revela que Portoviejo habría perdido cerca de 1.902 hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2023. Para la SBC, esta cifra representa una afectación directa al ambiente local, porque reduce hábitats, altera ciclos naturales y debilita la capacidad del territorio para responder ante lluvias, calor extremo y presencia de plagas.
Biodiversidad y efectos en la vida diaria
Japón explicó que la pérdida de árboles y vegetación provoca una disminución de especies que cumplen funciones esenciales dentro de los ecosistemas. Entre ellas mencionó depredadores naturales de mosquitos y otros organismos que pueden convertirse en plagas cuando se rompe el equilibrio biológico. Señaló que la proliferación de mosquitos, por ejemplo, puede estar relacionada con la reducción de animales que antes regulaban sus poblaciones.
También se refirió al impacto de especies introducidas, como el tulipán africano. Según la SBC, esta planta produce una melaza espesa que afecta a abejas nativas sin aguijón y a otros insectos como escarabajos, mariquitas y pequeñas luciérnagas. Japón indicó que la organización ya elaboró un informe técnico sobre esta especie por los daños que puede causar a la biodiversidad local.
El presidente de la SBC agregó que muchos animales suelen ser eliminados por desconocimiento, pese a que cumplen un papel importante como controladores biológicos. Mencionó serpientes no venenosas, sapos, murciélagos y zarigüeyas, que ayudan a regular poblaciones de roedores, insectos y otros organismos. Por ello insistió en que la educación ciudadana es fundamental para reducir prácticas que agravan los problemas del ambiente urbano y rural.
La Tomatera, un refugio amenazado
Mabel Félix, miembro de la SBC, centró su intervención en el refugio de La Tomatera, considerado uno de los bosques secos tropicales más importantes de Portoviejo junto con el cerro Jaboncillo. Explicó que esta zona comprende áreas cercanas a la Universidad Técnica de Manabí, la parroquia San Pablo y la vía hacia Riochico, y forma parte de la Región Tumbesina, reconocida por su alta presencia de especies endémicas.
Félix señaló que La Tomatera es utilizada para actividades recreativas como ciclismo, senderismo y deportes al aire libre, pero advirtió que muchas veces se pasa por alto su valor ecológico. Indicó que en este bosque seco tropical habitan especies de aves, plantas, insectos y reptiles que no se encuentran en otras partes del mundo, por lo que cualquier intervención debe realizarse con criterios técnicos.
Según la integrante de la SBC, reportes elaborados con apoyo de colaboradores identificaban alrededor de 55 especies de aves endémicas en La Tomatera. Sin embargo, durante registros recientes asociados al Día Mundial de las Aves Migratorias y al Global Big Day se observaron 33 especies. Félix mencionó además la presencia del ceibo, el yaguarundí y la estrellita colicorta, un colibrí en peligro.
Tala, senderos y crecimiento urbano
Félix explicó que la fragmentación del hábitat se produce por la tala indiscriminada, la ampliación de senderos, las quemas, el uso de agrotóxicos y el crecimiento urbano acelerado. Señaló que incluso acciones que parecen menores pueden afectar especies de flora que cumplen un papel ecológico importante, aunque a simple vista sean consideradas maleza.
La integrante de la SBC afirmó que La Tomatera cuenta con una categoría municipal de conservación y uso sostenible, pero sostuvo que esta condición no siempre se respeta. Relató que el viernes 8 de mayo un grupo de personas evidenció la tala de ceibos y otras especies en el sector, hecho que fue reportado a las autoridades correspondientes. Según dijo, no se trata de un caso aislado, sino de una situación que refleja la presión constante sobre la zona.
Félix indicó que la organización ha mantenido acercamientos con áreas municipales para plantear estrategias de conservación, educación y manejo responsable de árboles. También mencionó conversaciones sobre la posibilidad de fortalecer a Portoviejo como una ciudad de aves, mejorar la señalética, evitar podas excesivas y promover una mayor participación ciudadana en espacios como el humedal del parque Las Vegas.
Educación y planificación para proteger la biodiversidad
Japón sostuvo que quienes lideran intervenciones urbanas deben contar con mayor capacitación técnica, especialmente en poda, manejo de árboles y protección de fauna. Explicó que no se trata únicamente de cortar ramas para mejorar la visibilidad, sino de aplicar protocolos que protejan la estructura del árbol y las especies que habitan en él.
Para la SBC, el crecimiento de las ciudades no debe entenderse como contrario a la conservación, sino como un proceso que requiere planificación. Félix remarcó que los proyectos turísticos, recreativos o urbanos pueden desarrollarse, siempre que cuenten con asesoramiento técnico y respeten las condiciones ecológicas de cada zona.
Japón advirtió que la provincia ya enfrenta señales de desequilibrio, como aumento de temperaturas, pérdida de especies, mayor vulnerabilidad ante lluvias intensas y riesgos asociados a la desertificación. Por ello, insistió en que la ciudadanía y las autoridades deben asumir un compromiso más activo con el cuidado del ambiente.
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