Lo que para los moradores de la calle Coronel Sabando de Portoviejo debería ser una señal de alivio, se ha convertido en una preocupación.
Esta comunidad lleva años lidiando con un sistema de alcantarillado colapsado, y según moradores, la empresa Portoaguas interviene con maquinaria, pero el problema del rebose de aguas negras sigue persistiendo.
Un "arreglo" que duró menos de 24 horas
La situación ha escalado en la última semana. Jorge Mendoza, residente del sector Coronel Sabando de Portoviejo, relató cómo la reciente intervención del equipo de Portoaguas resultó ser un "espejismo".
"Llegaron, limpiaron y dejaron todo seco, pero a la mañana siguiente, la calle volvió a amanecer inundada", comentó.
Para Mendoza, esto se ha convertido en una barrera física, pues el debe movilizarse con un bastón, y al existir "grandes charcos de agua" se le hace difícil transitar por la calle y dirigirse a otros sitios de Portoviejo.
Estas lagunas de aguas servidas abarcan más de dos cuadras afectando la movilidad y calidad de vida de quienes habitan en el sector.
Según versiones de residentes del sector de Portoviejo, días atrás durante las maniobras de la maquinaria, el camión de Portoaguas impactó contra el cableado de la zona.
Esta situación provocó un daño eléctrico que dejó fuera de servicio a tres semáforos, complicando no solo la salubridad, sino también la seguridad vial del sector.

Se debe evaluar la magnitud del daño
Por su parte, desde la empresa Portoaguas se informó que en la Calle Coronel Sabando de Portoviejo se están realizando cambios en la tubería de aguas servidas.
Explicaron que la "demora y las complicaciones en los trabajos" se deben a que la losa de la calle es de hormigón, lo que requiere un "proceso de rotura más prolongado y complejo".
Según Portoaguas, una vez que terminen de romper la losa, podrán evaluar completamente la magnitud del daño y proceder con las reparaciones necesarias.
Locales sin clientela por malos olores
El malestar es compartido por los comerciantes de la zona. Manuel Vélez, vecino y observador de la actividad comercial local, señala que el impacto en la economía es preocupante.
Los restaurantes y tiendas han visto una caída en sus ventas debido a los fuertes olores que, según comentan, emanan de las alcantarillas, especialmente en temporadas de sol y calor.
"La gente pasa con la nariz tapada, nadie quiere entrar a comer o comprar insumos en un ambiente así", lamentó Vélez.