Vanessa Baque ya lo ha ensayado en su cabeza muchas veces: caminar sin cerrar los ojos. No es fácil. Cada vez que pasa por Tarqui, baja la mirada o aprieta los párpados, como si así pudiera borrar lo que ocurrió el día del terremoto. Pero este jueves 16 de abril será distinto. A las seis de la tarde, cuando la ciudad comience a recordar, ella quiere avanzar justo hacia el lugar del que siempre ha huido.
No irá sola. Su esposo, Segundo Pin, y un grupo de personas vestidas de blanco la acompañarán. "No sé cómo voy a tener esa valentía", dice. Y, aun así, lo hará.
El peso de los escombros y el silencio
Han pasado diez años desde el terremoto del 16 de abril que sacudió Manabí y redujo a escombros el edificio Felipe Navarrete, en Tarqui. Ese día, la pareja quedó atrapada bajo el concreto durante más de 36 horas. Sobrevivieron; otros no. Desde entonces, el recuerdo no se ha ido, solo ha cambiado de forma.
En Vanessa, se convierte en lágrimas cada cumpleaños, el 17 de abril. En Segundo, en un silencio que aún no logra romperse del todo. "Nunca he llorado por eso", admite. Los psicólogos le dijeron que el dolor sigue ahí, guardado. Quizá por eso este plan. No será una caminata cualquiera. Vanessa lo llama "entrenamiento", pero en realidad es otra cosa: una forma de volver sin retroceder.

Una caminata en sentido contrario al olvido
La idea nació de una imagen que no la deja en paz: la gente corriendo la noche del terremoto en Manta. Personas que abandonaron carros, que caminaron kilómetros, que buscaron desesperadas a sus familiares entre el caos y la destrucción. Su propio hermano y su cuñado hicieron eso.
Corrieron hasta Tarqui pensando que podrían encontrarla. Ella no lo sabía en ese momento. "Yo creía que no me estaban buscando", recuerda. Por eso ahora quiere hacerlo al revés: caminar hacia ellos, hacia ese lugar, hacia esa memoria.
El plan comenzará temprano. A las cinco de la tarde se reunirán en Playita Mía. Vanessa organiza todo junto a su comadre y varias amigas: Narcisa, Evelyn, Yamilek y Miriam. A las seis empezarán a avanzar, vestidas de blanco.
"El blanco es por los que se fueron", explica Vanessa. Niños, adultos, familias enteras; las 92 personas que murieron en el colapso del edificio, entre ellas quienes compartieron con ellos las últimas horas bajo los escombros.

El reencuentro con la luz a las 18h58
Segundo irá con ella. No es un hombre de muchas palabras, pero su presencia ha sido constante desde aquella noche en que decidió mantenerse calmado para que ella no se quebrara dentro del edificio colapsado. Ahora el desafío es otro: caminar hacia el lugar donde casi mueren.
Segundo dice que el corazón se le acelera cuando siente un temblor; que el cuerpo recuerda incluso cuando la mente quiere olvidar. Pero irá, porque también es una forma de cerrar algo que sigue abierto.
Vanessa sabe que, tal vez, no logren llegar exactamente hasta donde estaba el edificio; el cuerpo o la emoción podrían detenerlos antes. Si eso ocurre, hay un plan B. A las 18h58, a la hora exacta en que la tierra tembló hace 10 años, soltarán globos al cielo. "Porque estamos vivos", dice. Y esa frase, simple, resume todo.

No es el homenaje tradicional ni habrá discursos largos. Solo pasos. Pasos que imitan a aquellos otros pasos desesperados de hace una década. Vanessa quiere hacerlo por todos: por los que murieron, por los que buscaron y por los que sobrevivieron.
Pero, sobre todo, lo hace por ella: para poder mirar de frente a Tarqui, aunque ya no sea el mismo lugar por el que ella caminó hace diez años, cuando llegó al edificio Felipe Navarrete a comprar una vela para su cumpleaños.