En una casa de paredes sencillas, una abuela de casi 80 años intenta preparar el desayuno para cinco nietos que no esperaba criar. Su hija fue asesinada. La palabra femicidio apareció en los titulares, pero en su hogar lo que quedó fue el silencio, el miedo y una pregunta que nadie responde: ¿y ahora qué hacemos?
Esa escena se repite en todo el país. En Manta, Geraldina Guerra Garcés, de Fundación Aldea y de la Alianza Feminista para el Mapeo de Femicidios, presentó un estudio que pone rostro y voz a quienes casi nunca aparecen en las noticias: los hijos e hijas de las mujeres asesinadas.
El trabajo en equipo
La investigación, realizada en 2024 con apoyo de Unicef, recogió el testimonio de 76 familias y de 151 niños, niñas y adolescentes. La conclusión es contundente: más del 97 % considera que las medidas de reparación integral no se cumplen o son insuficientes.
Pero detrás de los porcentajes hay historias. Amelina Merchán perdió a su hija, Evelyn Pilay, en 2019. Su expareja la asesinó. "Ahí empezó mi pesadilla", dice. No ha podido superar la muerte. No solo perdió a su hija: perdió la tranquilidad, la estabilidad y la certeza de que el Estado estaría para sostenerlos.
Ronald, hermano de Evelyn, cuenta que la justicia calificó el caso como "muerte violenta" y no como femicidio. "El acceso a la justicia es nulo", afirma. La familia tuvo que hacerse cargo de una niña de un año y medio y de un niño de cinco. No sabían que existía un bono por orfandad. Cuando lo solicitaron, fue negado tres veces. Solo con ayuda de organizaciones sociales lograron acceder al beneficio.
Ese bono, de entre 130 y 150 dólares, apenas alcanza para cubrir una parte de la alimentación mensual. Mucho menos para terapias psicológicas, útiles escolares, arriendo o medicinas, se señala.
Desde 2014, cuando el femicidio fue tipificado como delito en el país, más de 2.050 niños y niñas han quedado huérfanos. Solo en 2025 se registraron al menos 411 femicidios: una mujer asesinada cada 22 horas. Al menos 50 de las víctimas eran menores de 18 años.
Cada cifra es una familia fracturada
El estudio, titulado Esperando el verano, refleja esa sensación compartida: familias que esperan una reparación que no llega. La Ley Orgánica de Reparación Transformadora Integral fue aprobada por unanimidad en 2024, pero muchas de sus disposiciones siguen sin ejecutarse. No hay protocolos claros, no existen mesas interinstitucionales activas en cada territorio ni seguimiento caso por caso, sostiene el informe.
Las abuelas se convierten en madres otra vez. A veces viven solas y, de un día para otro, deben sostener a varios nietos. Más de la mitad de las familias entrevistadas depende de un solo ingreso. En dos de cada diez casos, los niños cambian incluso de provincia, dejando atrás su escuela, sus amigos y el único entorno que conocían.
Y está el trauma. Niños de tres, cuatro o cinco años que presenciaron el asesinato de su madre, que vieron cómo su mundo se rompía. Sin acceso garantizado a salud mental especializada, ese dolor se convierte en una herida abierta que los acompañará toda la vida.
La violencia contra las mujeres no termina cuando se apagan las cámaras o cuando el caso deja de ser tendencia. Se instala en los barrios, en las aulas, en las mesas vacías.
El aumento de los casos de femicidio
En Manta, como en otras ciudades de la Costa, las organizaciones advierten un aumento de asesinatos de mujeres en contextos de criminalidad organizada. Pero insisten: aunque ocurran en esos escenarios, siguen siendo femicidios y deben investigarse como tales, sin minimizar ni desviar responsabilidades.
La pregunta que queda flotando es incómoda: ¿dónde está el Estado cuando las familias intentan reconstruirse? Porque no se trata solo de justicia penal. Se trata de garantizar educación, salud, vivienda, acompañamiento psicológico y condiciones dignas para crecer, señalan las instituciones.
Y mientras la reparación no se concrete, el país seguirá acumulando cifras. Pero, sobre todo, seguirá acumulando infancias rotas que esperan, como en el nombre del estudio, que algún día llegue el verano.