La historia de la industria conservera ecuatoriana comenzó lejos del ruido de las fábricas y del ir y venir de los barcos atuneros que hoy dominan el puerto de Manta.
Su origen estuvo marcado por la aventura, la escasez y la tragedia en las islas Galápagos, donde un grupo de inmigrantes noruegos creyó haber encontrado el lugar perfecto para levantar un imperio pesquero en medio del Pacífico.
En la década de 1920, liderados por el cónsul August F. Christensen, fundaron la compañía "Santa Cruz" en Academy Bay con un objetivo ambicioso: industrializar el enlatado de langosta roja para exportarla a mercados internacionales.
Llegaron con maquinaria avanzada, tuberías especiales y casas prefabricadas traídas desde Noruega. La expedición parecía un símbolo del progreso moderno aterrizando en un territorio aislado.
Pero la realidad del archipiélago fue más dura que el entusiasmo europeo. El gran enemigo no fue el océano ni la distancia, sino la falta de agua dulce. Aunque instalaron sistemas para captar agua desde un manantial, el suministro nunca alcanzó para mantener operativa la planta.
El sueño noruego que terminó en ruinas
En noviembre de 1927 ocurrió el golpe definitivo: la escasez de agua provocó la explosión de la caldera principal de la fábrica. El accidente obligó al cierre de la compañía y dejó al proyecto al borde del colapso. A partir de entonces, las dificultades financieras comenzaron a multiplicarse.
Gran parte del capital destinado al proyecto se había consumido antes incluso de llegar a Ecuador. Intermediarios y agentes administrativos utilizaron recursos para cubrir gastos propios, mientras los colonos enfrentaban la falta de víveres y combustible.
Las pocas conservas que lograban exportarse llegaban muchas veces dañadas a Guayaquil debido al óxido causado por el agua salada, señala Eduardo Xavier Pico Lozano en su tesis doctoral "Historia de la industria pesquera y procesadora de atún en San Pablo de Manta, Ecuador".
Las tragedias humanas también marcaron aquella aventura industrial. Un trabajador murió tras sufrir graves quemaduras mientras soldaba latas con un soplete defectuoso. Más tarde, en 1938, un incendio accidental destruyó la infraestructura restante de la antigua planta conservera, que para entonces había sido utilizada como guarnición militar.
Sin embargo, el episodio más devastador llegó en 1949. El barco "Thalassa", que llevaba maquinaria y familias noruegas para intentar reactivar la industria en Galápagos, naufragó frente a las costas de España.
Murieron 18 personas y únicamente sobrevivió una niña de 12 años. Con aquella tragedia marítima desapareció definitivamente el sueño noruego de convertir las islas en una potencia conservera. Mientras Galápagos acumulaba fracasos, en la costa continental ecuatoriana comenzaba silenciosamente otra historia.
Manta: del puerto artesanal al gigante atunero
En Manta, la pesca seguía siendo una actividad artesanal. Pero la cantonización de la ciudad en 1922 y la construcción del primer muelle de hormigón en 1930 empezaron a transformar el puerto en un punto estratégico para el comercio marítimo.
El verdadero cambio llegó en 1948 gracias al manabita Teodoro Alvarado Olea, impulsor de la Ley de Protección Industrial. La normativa abrió las puertas a la inversión privada y permitió modernizar la actividad pesquera en el país.
Un año más tarde, el presidente Galo Plaza Lasso firmó el decreto que otorgaba beneficios para importar maquinaria industrial a los empresarios estadounidenses Wade Ambrose y Maurice Rankin. Así nació oficialmente, el 19 de febrero de 1949, la Industria Nacional Ecuatoriana Productora de Alimentos, conocida como Inepaca.
La empresa comenzó exportando atún fresco y congelado hacia Estados Unidos, pero el gran salto ocurrió en 1954 con la instalación de la primera planta envasadora comercial del Ecuador. Con maquinaria traída desde California apareció la histórica marca "Montecristi", pionera de la industria atunera nacional.
La revolución fue inmediata. Mujeres manabitas colocaban manualmente los trozos de atún en las latas dentro de las primeras líneas de producción.
La industria no solo generó empleo: también cambió la relación de la ciudad con el mar. Hasta entonces, el atún no era apreciado localmente y muchas veces terminaba arrojado al océano en un sitio conocido como "La Boya", señala Eduardo Xavier Pico en su tesis doctoral.
Las nuevas empacadoras que llegaron
Con el crecimiento de la planta, comenzaron a multiplicarse los pequeños barcos cañeros que abastecían de pesca a las fábricas. Miles de familias encontraron en el atún una nueva forma de vida. Más adelante llegaron otras compañías como Seafman y Conservas Isabel, consolidando a Manta como el clúster atunero más importante de la región.
Lo que comenzó entre explosiones, incendios y naufragios en Galápagos terminó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos industriales del Ecuador. Hoy, el país ocupa el segundo lugar mundial en exportación de atún, y detrás de cada lata existe una historia de perseverancia escrita entre el mar y la adversidad.