El cuerpo sin vida de Davontae Marcel Williams, de nueve años, pesaba solo 35 libras, tenía más de 250 cictarices y fue víctima de homicidio. El 26 de julio de 2004, paramédicos respondieron a una llamada de emergencia en un apartamento de Arlington, Texas, donde encontraron el cuerpo del niño. 

La autopsia determinó que la causa de muerte fue malnutrición severa, con neumonía como factor contribuyente. Su madre, Marcella L. Williams, y la pareja de esta, Lisa Ann Coleman, fueron acusadas de secuestro, por haberlo mantenido aislado, atado y privado de alimento de manera prolongada.

Descubrimiento y evidencias 

Cuando los paramédicos llegaron al departamento, nadie pudo responder a la pregunta sobre la edad del menor tendido en el baño. El niño vestía únicamente un pañal y vendas improvisadas. Su cuerpo presentaba más de 250 cicatrices y lesiones, antiguas y recientes, incluyendo marcas de ligaduras en muñecas y tobillos producidas por cuerdas, cables eléctricos y prendas de vestir. Tenía los labios partidos y signos de golpes y cortes. El forense del condado de Tarrant determinó que el deterioro físico era extremo y que el menor había sido sometido a privación sistemática de alimentos.

Personal de emergencias declaró que nunca habían visto un caso de abuso infantil con semejante nivel de emaciación. Davontae, nacido prematuro y con retraso en el desarrollo, pesaba menos de la mitad de lo esperado para su edad. Las pruebas recogidas mostraron heridas infectadas que no cicatrizaban por falta de proteínas, junto a marcas consistentes con restricciones repetidas.

Aislamiento prolongado

La investigación policial reconstruyó los últimos meses de Davontae como un régimen de aislamiento extremo. La puerta de su habitación permanecía cerrada con llave desde el exterior y la ventana estaba sellada con clavos. Vecinos reportaron haber escuchado llantos ocasionales, pero rara vez veían al menor, quien había dejado de asistir a la escuela meses antes.

Su hermana, testigo clave en el juicio, describió cómo tanto Marcella Williams como Lisa Ann Coleman lo restringían físicamente, lo mantenían alejado del contacto social y le negaban comida y atención médica como forma de castigo. La policía encontró en el domicilio restos de sogas, prendas rotas y objetos utilizados para inmovilizarlo.

Los Servicios de Protección Infantil (CPS) de Texas habían abierto al menos seis investigaciones previas sobre la familia. En 1999, Davontae y su hermana fueron removidos temporalmente tras reportes de azotes con cables. Regresaron a la custodia materna bajo la condición de que se mantuviera alejada de Coleman, promesa que no se cumplió. Los registros médicos previos documentaron lesiones diversas, pero no se estableció un seguimiento continuo.

Proceso judicial

El caso pasó a la fiscalía del condado de Tarrant. El Estado acusó a Lisa Ann Coleman de homicidio capital, utilizando como agravante el secuestro: la privación prolongada de libertad mediante encierro y ataduras se interpretó como tal, lo que permitía la pena de muerte bajo la legislación de Texas en ese momento. La defensa argumentó que se trataba de una disciplina excesiva sin intención homicida y que el "secuestro" era una interpretación forzada de prácticas punitivas dentro del hogar.

Coleman reconoció en su declaración haber atado al niño en dos ocasiones "para que no se hiciera daño", pero negó haber deseado su muerte. La fiscalía presentó evidencias fotográficas de las lesiones, objetos de restricción y testimonios de vecinos y personal escolar que confirmaron la ausencia prolongada de Davontae. En 2006, un jurado la declaró culpable de homicidio capital y le impuso la pena de muerte. Marcella Williams aceptó un acuerdo de culpabilidad y fue condenada a cadena perpetua, con posibilidad de libertad condicional en 2044.

Apelación y ejecución

Coleman apeló en todas las instancias, cuestionando la figura del secuestro como elemento débil de la acusación, alegando desproporcionalidad de la sentencia y discriminación por raza y orientación sexual. Los tribunales, incluido el Quinto Circuito y la Corte Suprema de EE.UU., ratificaron la condena. El gobernador Rick Perry denegó la clemencia.

El 17 de septiembre de 2014, Lisa Ann Coleman fue ejecutada en la Unidad Walls de Huntsville, Texas. Fue la sexta mujer ejecutada en el estado desde la reinstauración de la pena de muerte en 1982 y la persona número 517 en Texas desde entonces. Sus últimas palabras fueron: "Estoy bien. Diles que terminé fuerte. Dios es bueno." Fue declarada muerta a las 18:24 hora local. A nivel nacional, se convirtió en la decimoquinta mujer ejecutada desde 1976.