Carlos Ochoa Palau advierte que el sistema financiero actual mantiene excluido al 80% de constructores ecuatorianos y agrava el déficit habitacional del país.
El dirigente propone que el Estado impulse un modelo similar al antiguo Banco de la Vivienda para democratizar el acceso al crédito, reactivar la construcción y generar empleo. Además, cuestiona la falta de apoyo a profesionales y gremios locales.
¿Cuál es su opinión sobre los créditos del Banco de Desarrollo del Ecuador y de la banca privada?
Después de más de 20 años, el déficit habitacional no ha disminuido, sino que se ha duplicado. Antes el país tenía un déficit de 1.3 millones de viviendas y ahora supera los 2.3 millones. Eso demuestra que las líneas de crédito actuales no han solucionado el problema.
La banca privada tiene una estructura financiera muy selectiva. Está en su derecho de proteger su dinero, pero el problema es que el crédito termina siendo exclusivo y no inclusivo. Solo un pequeño grupo puede acceder.
¿De qué porcentaje estamos hablando?
Apenas un 15% de los constructores tiene capacidad para cumplir las exigencias bancarias. Son quienes poseen garantías, respaldo económico y patrimonio para hipotecar.
Ahí está el gran problema. Hay miles de ingenieros, arquitectos, contratistas y pequeñas empresas constructoras que tienen conocimiento y experiencia, pero no pueden acceder a financiamiento porque las condiciones son muy duras.
¿Qué tipo de condiciones?
Por ejemplo, dejar garantías que superan el 150% del monto prestado. Eso prácticamente excluye a la mayoría.
¿La banca pública funciona diferente?
No mucho. El BDE tiene tasas un poco más bajas y ciertas flexibilidades, pero la diferencia con la banca privada sigue siendo mínima. Después de reunirnos con ellos en Portoviejo hace una semana, muchos salimos preocupados porque las dificultades continúan.
Nosotros creemos que hay que mirar experiencias exitosas del pasado, como el antiguo Banco Ecuatoriano de la Vivienda.
¿Por qué considera que ese modelo funcionaba?
Porque no era solamente un banco que prestaba dinero. Era un banco que generaba proyectos, trabajo y vivienda. En sus mejores años impulsó más de 50 mil viviendas en el país y permitió democratizar la construcción.
Trabajaba directamente con los constructores privados, generaba obra pública y distribuía oportunidades entre muchos profesionales y pequeñas empresas. No existía la concentración que hoy vemos.
¿Ustedes quieren que vuelva el Banco de la Vivienda?
No necesariamente. Lo que proponemos es que el BDE abra una línea especial dirigida a ese 80% de profesionales y pequeñas constructoras que hoy no pueden acceder al crédito.
La idea es que los constructores presenten proyectos habitacionales al BDE, el banco los evalúe técnicamente y financie la ejecución mediante anticipos y pólizas de garantía. Así se activa la construcción, se genera empleo y se reduce el déficit.
¿El BDE escuchó la propuesta?
Sí. Se planteó una mesa de trabajo y vamos a participar en ella. La propuesta fue bien recibida porque responde a una realidad que no se puede ignorar.
La construcción es el sector que más empleo genera. Mueve desde el vendedor de agua hasta el proveedor de materiales. Cuando la construcción se paraliza, se afecta toda la economía.
¿Qué papel están desempeñando otras instituciones, como las universidades y los municipios?
Las universidades están graduando cientos de profesionales cada año, pero muchos salen sin oportunidades reales. Tenemos arquitectos e ingenieros preparados, pero sin trabajo estable. Los municipios también deberían priorizar la participación local en los proyectos.
En Portoviejo, por ejemplo, se exige participación de mano de obra y profesionales locales. En Manta todavía falta fortalecer ese aspecto.
Si no se democratiza el crédito y la construcción, el déficit habitacional seguirá creciendo y miles de profesionales continuarán excluidos del sistema.