Durante años, los pabellones de las cárceles en Ecuador reflejaban el dominio de las bandas de delincuencia organizada. Murales, grafitis y logos marcaban territorios dentro de los centros penitenciarios, evidenciando el control que estos grupos ejercían incluso tras las rejas.

Esa realidad empieza a cambiar. El nuevo reglamento del sistema penitenciario establece una prohibición expresa: los internos ya no podrán pintar, exhibir ni mantener símbolos vinculados a organizaciones criminales dentro de los centros de privación de libertad.

Una medida para recuperar el control

La disposición está incluida en el artículo 41 del reglamento y forma parte de un paquete de obligaciones que deberán cumplir las personas privadas de libertad. La norma busca eliminar cualquier forma de identificación o presencia simbólica de los grupos delictivos en celdas, patios y pabellones.

Esta decisión apunta a debilitar la estructura interna de las bandas, que durante años utilizaron estos espacios como una extensión de su poder territorial.

Nuevas reglas para los internos

El reglamento no se limita a la prohibición de grafitis. También refuerza otras obligaciones clave dentro de los centros penitenciarios.

Entre ellas, se establece que los reclusos deberán someterse a procesos disciplinarios y cumplir las sanciones impuestas conforme a la ley. Además, se exige mantener en buen estado las celdas, baños y áreas comunes, así como colaborar en la limpieza general.

El cuidado de los recursos también entra en la normativa. Los internos deberán evitar el desperdicio de agua y no podrán destruir ni alterar las instalaciones o bienes del centro.

Otro punto que llama la atención es la disposición de que los privados de libertad deberán identificarse por sus nombres propios, dejando de lado alias o apodos vinculados a estructuras delictivas.

Condiciones especiales y control interno

El reglamento también contempla normas específicas para grupos vulnerables. En el caso de mujeres privadas de libertad que conviven con sus hijos, deberán cumplir con programas de desarrollo infantil y garantizar el cuidado adecuado de los menores, bajo supervisión de las autoridades competentes.

En cuanto al funcionamiento interno, el economato —encargado del suministro de productos básicos— solo podrá operar en centros de mínima y media seguridad, previa autorización técnica del ente encargado del sistema penitenciario.

Un cambio en la dinámica carcelaria

La eliminación de logos y grafitis representa más que una medida estética. Se trata de un intento por romper con la cultura de control que las bandas impusieron dentro de las cárceles y avanzar hacia una administración más institucional.

Con estas nuevas reglas, el Estado busca recuperar espacios que durante años estuvieron marcados por la presencia visible del crimen organizado, en un contexto donde el control penitenciario se ha convertido en un eje clave de la seguridad nacional.