El juego libre o no estructurado es clave para el desarrollo cognitivo, emocional y físico de los niños. De acuerdo con investigaciones de la American Academy of Pediatrics (AAP). También por especialistas como Jean Piaget , Stuart Brown, y Kathryn Hirsh-Pasek . Estos expertos coinciden en que permitir a los niños jugar sin supervisión directa de adultos favorece su aprendizaje, autonomía y bienestar general.

Fomenta la exploración autónoma y el pensamiento creativo

El psicólogo Jean Piaget , pionero en el estudio del desarrollo cognitivo, destacó que el juego libre es esencial durante la etapa preoperacional (2 a 7 años). Este tipo de interacción favorece la resolución de problemas y la imaginación simbólica , pilares del pensamiento abstracto. La AAP recomienda ofrecer materiales simples, bloques, arena o cajas que permitan al niño dirigir la actividad, limitando el uso de pantallas a menos de una hora diaria .

Construye resiliencia y salud emocional

El investigador Stuart Brown , fundador del National Institute for Play , afirma que el juego libre reduce el estrés y promueve la resiliencia emocional . Estudios del instituto muestran que los niños con menor tiempo de juego presentan más ansiedad en la adultez. Se sugiere una hora diaria de juego libre al aire libre , sin intervenciones directas de adultos, para fortalecer la independencia emocional y la autorregulación.

Desarrolla habilidades ejecutivas y sociales

La psicóloga Kathryn Hirsh-Pasek asegura que el juego libre potencia funciones ejecutivas como la atención y la autorregulación. Estos indispensables para el rendimiento escolar del menor. Su colega Roberta Golinkoff añade que el juego colaborativo enseña a negociar reglas y resolver conflictos , promoviendo empatía y convivencia. Ambas especialistas recomiendan integrar espacios de “recreo libre” en los horarios escolares para mejorar la concentración y las relaciones interpersonales.

Un derecho infantil reconocido internacionalmente

La AAP advierte que desde 1981 el tiempo de juego libre ha disminuido un 25% a nivel mundial, afectando el desarrollo físico y social. En su informe The Power of Play (2018), insta a padres y educadores a proteger al menos 60 minutos diarios de juego libre. La ONU y UNICEF consideran que el juego es un derecho fundamental de la niñez. Esto es esencial para formar generaciones más creativas, saludables y emocionalmente estables.