El interés social por la salud mental ha crecido de forma notable en los últimos años, aunque aún persisten prejuicios que dificultan su tratamiento con naturalidad. Para Francis Rodríguez, psicólogo clínico, este cambio de mentalidad ha sido lento, pero necesario, especialmente en un contexto donde los trastornos emocionales afectan de manera directa la calidad de vida de millones de personas.

Durante una entrevista con Manavisión Plus , Rodríguez analizó cómo, pese al aumento de la conciencia pública, persisten barreras culturales que asocian el malestar psicológico con debilidad. Muchas personas prefieren ocultar su sufrimiento o evitar la atención profesional por temor al juicio social o a ser vistas como incapaces de manejar su vida.

El especialista señaló que este pensamiento se reproduce desde el entorno familiar, donde a menudo no existe apertura para hablar de emociones o vulnerabilidad. Esa negación de lo emocional genera un círculo de silencio que impide la prevención y el acompañamiento oportuno.

Las redes sociales y el espejismo de la perfección

Las plataformas digitales han creado un universo donde la felicidad parece obligatoria. Las imágenes idealizadas, los viajes y los logros que circulan constantemente en redes fomentan comparaciones dañinas y expectativas irreales sobre la vida. Rodríguez considera que esta exposición permanente a “vidas perfectas” provoca frustración, insatisfacción y una sensación de fracaso personal.

El problema, explicó, es que las redes solo muestran una parte de la realidad. Al centrarse en la alegría, el éxito y la abundancia, ocultan las emociones humanas que también forman parte de la existencia. Este fenómeno alimenta un positivismo forzado, donde sentirse mal se interpreta como una falla en lugar de una reacción natural ante la adversidad.

A ello se suma el ritmo acelerado de la vida moderna. Las personas intentan llenar cada minuto con actividades para evitar pensar o sentir, lo que, paradójicamente, intensifica el agotamiento mental y emocional.

Las secuelas invisibles de la pandemia

La crisis sanitaria del coronavirus marcó un antes y un después en la salud mental. Rodríguez recordó que la pandemia detonó cuadros de ansiedad, depresión y pánico que aún persisten en la población. Aunque el confinamiento reveló la importancia del bienestar psicológico , también dejó al descubierto la falta de preparación para enfrentar emociones intensas y prolongadas.

Durante ese periodo, muchas personas experimentaron por primera vez síntomas que no supieron identificar. El miedo, la incertidumbre y la pérdida de vínculos sociales desencadenaron una ola silenciosa de malestar emocional que se arrastra hasta la actualidad.

El psicólogo destacó que, más allá de la emergencia sanitaria, la sociedad aprendió que la mente también enferma y que cuidar la salud mental debe ser una prioridad al mismo nivel que la física.

Adolescentes más expuestos y familias con poca comunicación

Los adolescentes son uno de los grupos más vulnerables. Crecen bajo la presión de la imagen, la inmediatez y la comparación constante. En consulta, Rodríguez observa cada vez más jóvenes con síntomas de ansiedad , estrés y depresión, muchas veces ignorados por su entorno.

Las familias, según el especialista, juegan un papel clave. La falta de diálogo o la minimización de las emociones adolescentes generan aislamiento y desconfianza. Cuando los jóvenes no encuentran apoyo en casa, buscan refugio en amistades o entornos digitales, donde la guía emocional suele ser insuficiente o incluso perjudicial.

A este panorama se suma el ciberacoso y el bullying , problemas que siguen en aumento y que pueden tener consecuencias graves en la salud emocional de niños y adolescentes. Reconocer los cambios de conducta y actuar a tiempo es fundamental para evitar crisis mayores.

Hacia una cultura del autocuidado y la empatía

La educación emocional, desde la infancia, es otro pilar urgente. Enseñar a reconocer y expresar emociones ayuda a prevenir comportamientos violentos y a formar adultos más empáticos. El psicólogo subraya que la gestión emocional no solo se aprende en terapia, sino también en la familia, la escuela y los espacios laborales.

Asimismo, recomienda incorporar rutinas de autocuidado: mantener hábitos de sueño, alimentación saludable, ejercicio y momentos de desconexión tecnológica. Estos factores, aunque sencillos, fortalecen la estabilidad emocional y reducen los efectos del estrés cotidiano.

El bienestar como construcción diaria

Para Rodríguez, el bienestar emocional no es un estado permanente, sino un proceso que se construye día a día. Aceptar las emociones negativas, pedir ayuda cuando se necesita y establecer límites personales son pasos esenciales para una vida equilibrada.

Explicó que las deudas generan un estado constante de alerta en el cuerpo, afectando el sueño, la alimentación y el equilibrio emocional. Afirmó que preocuparse es natural , pero obsesionarse deteriora la salud mental . Enfatizó que gestionar el estrés y enfocarse en lo que puede resolverse permite mantener la calma y evitar consecuencias físicas.

En su mensaje final, Rodríguez invitó a reflexionar sobre la empatía como base de una sociedad más sana. Entender que todos enfrentan batallas internas es el primer paso para construir relaciones más humanas, comentó el experto.

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