El cierre del año suele venir acompañado de celebraciones, balances personales y encuentros familiares, pero también de emociones intensas que no siempre son positivas. Desde la psicología clínica, se advierte que este mes puede amplificar sentimientos de tristeza, frustración o ansiedad, especialmente cuando las expectativas sociales contrastan con las realidades individuales.

La psicóloga clínica Zuleika Martínez explicó que, en este contexto, la resiliencia se vuelve una herramienta fundamental para afrontar las dificultades emocionales. Aunque es un término cada vez más popular, señaló que no siempre se comprende su verdadero significado ni la manera en que puede aplicarse en la vida cotidiana.

Indicó que la resiliencia no se limita a “resistir” una situación adversa, sino que implica reorganizar los recursos psicológicos disponibles para adaptarse, aprender y desarrollarse a partir de experiencias difíciles, sin que estas definan de manera negativa la vida de una persona.

Qué es la resiliencia y por qué no es innata

Desde una perspectiva clínica, la resiliencia se entiende como la capacidad de reorganizar los recursos emocionales y mentales frente a una adversidad, utilizando esa experiencia como una oportunidad de crecimiento. Martínez explicó que esta capacidad no es innata, sino que se construye a lo largo de la vida mediante aprendizajes, vínculos y experiencias.

La especialista señaló que las personas no nacen siendo resilientes, sino que desarrollan esta habilidad en función de cómo enfrentan el dolor, la pérdida o la frustración. Por ello, ante situaciones similares, algunas personas logran adaptarse con mayor estabilidad emocional que otras.

Ejemplos como el terremoto de 2016 en Manabí o la pandemia evidencian cómo comunidades enteras activaron procesos de resiliencia, reorganizando su vida pese a la pérdida, el miedo y la incertidumbre, sin negar el dolor vivido.

Redes de apoyo como pilar de la resiliencia

Uno de los elementos clave para desarrollar resiliencia, según Martínez, es la red de apoyo. Contar con personas con quienes compartir emociones, pedir ayuda o simplemente sentirse acompañado fortalece la capacidad de adaptación frente a la adversidad.

La psicóloga explicó que la resiliencia no implica enfrentar los problemas en soledad. Al contrario, pedir ayuda y hablar sobre lo que se siente forma parte de un proceso saludable de afrontamiento emocional. Aislarse, en cambio, suele aumentar el malestar psicológico.

Estudios sobre bienestar emocional, señaló, demuestran que las personas con redes de apoyo sólidas presentan mejores indicadores de salud mental y física, incluso en etapas de duelo o enfermedad.

Diciembre, expectativas sociales y realidades distintas

La especialista advirtió que diciembre suele estar cargado de mensajes asociados a felicidad, unión y consumo, lo que puede invisibilizar realidades complejas. No todas las personas viven estas fechas con alegría, y muchas atraviesan duelos, dificultades económicas o trastornos emocionales como ansiedad o depresión.

Martínez indicó que la presión por cumplir con estándares sociales puede generar frustración, especialmente en niños y familias que no pueden acceder a regalos costosos o celebraciones tradicionales. En estos casos, la resiliencia permite resignificar la experiencia y priorizar el vínculo afectivo sobre lo material.

Subrayó que es fundamental validar estas realidades con respeto y empatía, evitando comparaciones y juicios que profundizan el malestar emocional.

Infancia, frustración y aprendizaje emocional

Desde la infancia, la resiliencia puede fortalecerse mediante valores, límites y entornos afectivos sanos. La psicóloga señaló que enseñar a los niños que el amor no se mide por regalos materiales es clave para su desarrollo emocional.

La frustración moderada, explicó, también forma parte del aprendizaje. No recibir todo lo que se desea no es perjudicial si se acompaña con contención, diálogo y afecto. Esto ayuda a los niños a regular emociones, desarrollar tolerancia y construir motivación a largo plazo.

Martínez destacó que los padres cumplen un rol central al fomentar ambientes seguros, promover la creatividad, el diálogo y la expresión emocional, pilares esenciales de la resiliencia.

Factores de riesgo y factores protectores

La resiliencia se ve influenciada por factores de riesgo y factores protectores. Los primeros incluyen entornos hostiles, violencia, abandono o carencias extremas; los segundos abarcan vínculos afectivos estables, educación, apoyo emocional y espacios seguros.

La especialista aclaró que contar con recursos económicos no garantiza resiliencia si no existe afecto, mientras que contextos difíciles pueden superarse cuando hay acompañamiento y amor. La clave está en la crianza, el entorno y la educación emocional.

Por ello, enfatizó la importancia de fortalecer factores protectores desde la familia y la comunidad, promoviendo una resiliencia no solo individual, sino también colectiva.

Resiliencia comunitaria y acompañamiento en el duelo

Martínez señaló que el aislamiento durante el duelo puede intensificar el sufrimiento emocional. Aunque es válido no sentirse bien, mantenerse vinculado a otros reduce pensamientos rumiantes y previene un mayor deterioro emocional.

En estas fechas, recomendó incluir a quienes atraviesan momentos difíciles, ofrecer escucha sin juicio y pequeños gestos de acompañamiento. La resiliencia comunitaria, explicó, se construye cuando las personas se sostienen mutuamente.

Finalmente, destacó que la vida no es lineal y que cada dificultad puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la resiliencia, siempre que exista apoyo, empatía y disposición para crecer a partir de la adversidad.