La menopausia afecta a millones de mujeres alrededor del mundo. Muchas parejas experimentan conflictos derivados de cambios hormonales, físicas y emocionales que se manifiestan a partir de los 45 años en adelante. Y aunque la etapa se desarrolla en el ámbito doméstico, su impacto puede trasladarse a la dinámica conyugal.

Cambios fisiológicos y su repercusión en la relación de pareja

La menopausia es el momento que marca el final de la menstruación de una mujer. Ocurre tras doce meses sin regla, como parte natural del envejecimiento del sistema reproductivo. Durante esta etapa, los niveles de estrógenos y progesterona disminuyen de forma significativa. Esto puede contribuir a síntomas como sofocos, sudores nocturnos, insomnio, irritabilidad, sequedad vaginal o disminución de la libido. Estos síntomas pueden repercutir en la vida íntima y cotidiana de la pareja. Generan malestar en una o ambas partes, aumentan la frecuencia de discusiones o provocan cambios en la convivencia.

¿Existe un vínculo directo entre menopausia y divorcio?

En diversos artículos de divulgación se sugiere que la menopausia se encuentra entre los factores que podrían contribuir a la ruptura de parejas que ya llevaban largos años juntas. Por ejemplo, un medio señala que es “una de las principales razones de divorcio entre parejas que rondan los 50 años”. Sin embargo, los análisis académicos advierten que la menopausia por sí sola no se identifica como causa única o directa del divorcio. Un estudio de revisión señala que muchas alteraciones psicológicas observadas en esta etapa están más vinculadas a circunstancias de vida. Ejemplos son la jubilación, hijos que se van del hogar o viudez, más que a la menopausia en sí. Por tanto, aunque existen tensiones añadidas durante la menopausia, no hay datos robustos y específicos que cuantifiquen cuántos divorcios se deben exclusivamente al proceso menopáusico.

Factores que agravan el riesgo conyugal

Algunos profesionales alertan que cuando los síntomas de la menopausia son intensos (como irritabilidad notable, insomnio grave o dolor en la intimidad) y no existe comunicación ni apoyo en la pareja, los conflictos pueden intensificarse. Además, la llegada de la menopausia suele coincidir con otras transiciones vitales. Ejemplos son los hijos que se independizan, crisis laborales o cambios en la salud. Esto convierte esta etapa en una de “vulnerabilidad” para la relación. Por lo tanto, no es solo el evento fisiológico de la menopausia sino la conjunción de diversos factores que pueden aumentar el riesgo de separación. Estos factores incluyen desgaste previo de la relación, falta de intimidad, comunicación deteriorada o cambios sociales.

Qué dicen los expertos y qué recomiendan

Las guías especializadas indican que la menopausia «puede afectar a la relación de pareja» sobre todo cuando la mujer experimenta molestias físicas. También se observa con disminución de la libido o cambios en el estado de ánimo que se extienden al ámbito conyugal. En este sentido, se recomienda que la pareja mantenga la comunicación sobre los cambios que se están produciendo. Además, se sugiere buscar acompañamiento profesional si es necesario (ginecólogo, sexólogo o terapeuta de pareja) y aplicar medidas para mejorar la intimidad y el bienestar conjunto.

Reflexión final sobre el enfoque

En resumen, la menopausia no debe considerarse como una “causa” automática de divorcio. Más bien puede funcionar como un catalizador en parejas que ya presentan tensión o que atraviesan múltiples cambios simultáneos. El enfoque informativo muestra que los síntomas propios de la menopausia -como la sequedad vaginal, la irritabilidad y la alteración del deseo sexual- sí pueden incidir en la dinámica de pareja y requerir atención conjunta. La clave reside en la detección, la comunicación y el acompañamiento adecuado durante esta etapa vital. Atender los síntomas, recibir orientación y fortalecer la relación conyugal son estrategias que pueden marcar la diferencia.