Los niños comienzan a memorizar y reconocer colores, números y letras entre los 18 meses y los 5 años, según especialistas en desarrollo infantil. Estos aprendizajes se dan de manera progresiva y están influenciados por factores como la estimulación, el entorno y la madurez neurológica. Estudios pediátricos y educativos coinciden en que la adquisición de estas habilidades marca hitos esenciales en la etapa preescolar.

Reconocimiento de colores: desde los 18 meses

El reconocimiento de colores suele comenzar entre los 18 y 24 meses, cuando los niños logran diferenciar objetos por su tonalidad. Inicialmente, identifican colores básicos como rojo, azul, amarillo y verde. A partir de los 2 años y medio, muchos infantes pueden nombrar colores correctamente y distinguir entre varios tonos.

Este proceso se fortalece con juegos, canciones y rutinas visuales. El uso de materiales didácticos, como bloques de colores o libros ilustrados, estimula el desarrollo del vocabulario visual y la asociación entre palabras y objetos.

Estudios del Instituto de Psicología del Desarrollo de la Universidad de Harvard destacan que la familiaridad constante con colores en contextos cotidianos facilita su memorización y comprensión antes de los 3 años.

Primer contacto con los números: entre los 2 y 4 años

Los niños suelen memorizar y contar del 1 al 10 entre los 2 y 3 años, aunque aún no comprenden completamente su valor numérico. Este primer acercamiento a los números es memórico y auditivo, influenciado por canciones infantiles y actividades repetitivas.

Entre los 3 y 4 años, muchos infantes pueden reconocer cifras escritas y contar objetos de manera básica. A esta edad, comienzan a comprender el concepto de cantidad, aunque de forma limitada. Es en este periodo cuando los juegos numéricos, rompecabezas y actividades lúdicas fortalecen la comprensión cuantitativa.

La Asociación Americana de Pediatría recomienda introducir los números a través de experiencias sensoriales, como contar frutas, pasos o juguetes, para reforzar el aprendizaje activo.

Reconocimiento de letras: más tarde que los números

El reconocimiento de letras comienza generalmente a los 3 o 4 años, aunque algunos niños muestran interés antes. A esta edad, pueden identificar algunas letras del alfabeto, especialmente las que forman su nombre. No obstante, la mayoría logra una memoria alfabética más completa hacia los 5 años, antes del ingreso formal a la educación básica.

El proceso se da de manera visual y auditiva. Los niños asocian formas con sonidos, lo que constituye la base de la conciencia fonológica, una habilidad clave para la lectoescritura.

Expertos del Centro Nacional de Educación Temprana de EE. UU. indican que los niños que son expuestos a lectura diaria y juegos con letras desde temprana edad tienden a reconocer el abecedario antes del ingreso al primer grado.

Factores que influyen en la memorización

Aunque existen edades promedio para cada etapa, es importante considerar que el desarrollo cognitivo varía según el niño. Factores como el entorno familiar, la estimulación verbal, el acceso a materiales educativos y la interacción social juegan un papel crucial.

La plasticidad cerebral infantil permite que los aprendizajes sean flexibles. Por ello, las rutinas de juego, lectura y conversación son herramientas fundamentales para fortalecer la memoria visual y auditiva en los primeros años de vida.

Además, las pantallas digitales pueden ser aliadas o interferencias, dependiendo del contenido y del acompañamiento adulto. El uso moderado y supervisado de aplicaciones educativas ha mostrado efectos positivos en niños de más de 2 años.

Recomendaciones pedagógicas

Educadores y psicólogos infantiles sugieren:

  • Introducir letras, números y colores de forma lúdica y natural.
  • Usar canciones, cuentos y juegos visuales para reforzar la memoria asociativa.
  • Evitar comparaciones entre niños, ya que el desarrollo es individual y no lineal.
  • Fomentar la curiosidad y el aprendizaje desde el juego, no desde la exigencia.

Los aprendizajes tempranos no solo preparan a los niños para la escolarización, sino que también fortalecen su autoestima, lenguaje y capacidad de resolución de problemas.