Los juguetes infantiles son objetos de contacto frecuente: se manipulan, caen al suelo, algunos se llevan a la boca y, a menudo, se comparten entre varios niños. Esta realidad concentra riesgo de transmisión de gérmenes. De hecho, un estudio analizó que la limpieza y desinfección de juguetes cada dos semanas puede reducir la carga microbiana en guarderías, aunque no necesariamente disminuyó las ausencias por enfermedad.
La Centers for Disease Control and Prevention (CDC) establece que, para objetos no porosos como ciertos juguetes, es necesario primero limpiar con agua y jabón y luego, si hace falta, sanitizar o desinfectar.
Por otro lado, la National Center for Healthy Housing advierte que muchos desinfectantes contienen químicos que pueden irritar ojos, piel o vías respiratorias, y que en el hogar, especialmente en objetos que los niños tocan o se llevan a la boca, la limpieza simple puede ser suficiente.
En primer lugar, se recomienda limpiar los juguetes con agua jabonosa o un detergente suave. Esta etapa elimina suciedad, residuos y sustancias orgánicas que pueden dificultar la acción posterior de un desinfectante. Para juguetes duros, de plástico o metálicos, se puede sumergirlos o lavarlos a mano, frotando ranuras y partes difíciles, o utilizar el lavavajillas si son aptos para ello. Luego debe enjuagarse completamente.
Después del lavado, el secado total es clave: un juguete mojado puede representar riesgo de proliferación de moho o bacterias. Asimismo, dejar que el objeto se airee en un sitio limpio antes de volver a uso.
No todos los juguetes requieren desinfección química profunda y frecuente. Según la guía de la National Center for Healthy Housing, para objetos que los niños usan a diario -especialmente si los llevan a la boca- la limpieza puede ser suficiente salvo que haya enfermedad en casa o exposición a gérmenes de alto riesgo.
Si se decide desinfectar, resulta recomendable priorizar métodos mecánicos o de calor, como lavavajillas, lavadora (para juguetes textiles) o vaporizado, antes de recurrir a químicos fuertes. La guía de la CDC lo señala para juguetes no porosos. En los casos en que se use una solución química -como lejía diluida- debe seguirse la concentración adecuada. También se pide respetar el tiempo de contacto y asegurarse de un enjuague o secado adecuado para evitar residuos que puedan afectar a los niños.
Una estrategia preventiva es optar por juguetes diseñados para facilitar la limpieza: materiales lisos, sin ranuras profundas, sin textiles difíciles de lavar. La política de limpieza toy-hospitalaria señala que los juguetes de tela o felpa de uso compartido deben evitarse o asignarse a un solo niño.
La supervisión adulta durante la higiene de los juguetes también resulta esencial para garantizar que cada método se aplique. En hogares con bebés o niños con alergias, conviene revisar con frecuencia el estado de los objetos . Asimismo, organizar los juguetes por tipo de material facilita elegir técnicas adecuadas y mantener una rutina constante. Contar con un espacio destinado exclusivamente al secado y almacenamiento, ayuda a prolongar la vida útil de cada pieza y conservar la higiene general.