El fenómeno de tratar a los perros como hijos, una tendencia creciente en hogares urbanos, plantea interrogantes sobre su impacto en la salud física y emocional de los animales. Esto, según especialistas en comportamiento animal y veterinarios. Este tipo de vinculación, conocida como “humanización de mascotas”, puede generar problemas de conducta si se traspasan ciertos límites.
Humanización de los perros: una tendencia en aumento
Cada vez es más frecuente ver a perros vestidos, transportados en cochecitos, alimentados con comida especial “gourmet” o incluidos en celebraciones familiares como si fueran niños. Esta conducta, aunque motivada por el afecto, ha despertado preocupación en el ámbito veterinario y etológico. Hay inquietud por los posibles efectos adversos en el bienestar del animal.
El fenómeno, conocido como “antropomorfismo” o “humanización de las mascotas”, consiste en atribuir características humanas a los animales de compañía. Aunque los perros son seres sociales y pueden establecer vínculos emocionales intensos con sus cuidadores, su comportamiento y necesidades biológicas son distintas a las humanas. Los especialistas advierten sobre estas diferencias.
Veterinarios y etólogos coinciden en que el problema no radica en el afecto. Más bien, en proyectar sobre los perros necesidades, emociones o reglas humanas que pueden generar confusión, frustración y alteraciones conductuales.
¿Cuáles son los riesgos para el perro?
Los perros que son tratados como bebés o hijos pueden experimentar ansiedad por separación, sobreprotección. También, presentan falta de socialización adecuada con otros animales y dependencia excesiva de sus dueños.
“Un perro necesita estructura, límites, ejercicio físico y estimulación mental. No está preparado para ser tratado como un humano”, explicó la médica veterinaria y etóloga clínica Ana María Chávez, en entrevista para medios especializados.
Algunas consecuencias observadas en perros humanizados incluyen:
- Conductas agresivas por falta de normas claras.
- Problemas digestivos debido a alimentación no adecuada para su especie.
- Trastornos de ansiedad o depresión canina.
- Problemas articulares por uso excesivo de ropa o calzado no funcional.
Límites saludables para el vínculo humano-canino
Amar a un perro no implica tratarlo como a un ser humano. Los expertos recomiendan:
- Establecer rutinas claras de alimentación, paseo y descanso.
- Usar refuerzos positivos en el entrenamiento, sin sobreproteger al animal.
- Respetar las características propias de su especie y proporcionar espacios de socialización con otros perros.
- No proyectar en el perro emociones humanas complejas como celos, culpa o tristeza prolongada.
Además, es importante permitir que el perro tenga momentos de independencia, ya que una excesiva dependencia puede derivar en trastornos del comportamiento cuando el dueño se ausenta.
Qué dicen los estudios científicos
Diversas investigaciones en etología y psicología animal han demostrado que los perros entienden el lenguaje humano y pueden captar emociones básicas, pero no interpretan el mundo con los mismos parámetros que un ser humano.
Un estudio de la Universidad de Viena, publicado en la revista Applied Animal Behaviour Science, concluyó que los perros sometidos a una humanización intensa desarrollan mayor ansiedad y reactividad en situaciones sociales nuevas o ante la ausencia del dueño.
Asimismo, investigaciones del Instituto de Neurociencia Cognitiva de Hungría han mostrado que, si bien los perros son muy sensibles a la voz humana, requieren una comunicación clara basada en señales caninas para un desarrollo conductual equilibrado.