El Síndrome del Intestino Irritable (SII), un trastorno gastrointestinal crónico, afecta a entre 10% y 15% de la población mundial, principalmente adultos jóvenes.
Sus síntomas, como dolor y diarrea, pueden ser tan fuertes que llegan a impedir el desarrollo normal de las actividades diarias del paciente. Según expertos, los cambios en la dieta ayudan a su control.
El SII se caracteriza por dolor abdominal recurrente, distensión, diarrea, estreñimiento o una alternancia de ambos, según la Fundación Internacional para los Trastornos Gastrointestinales (IFFGD).
Los síntomas varían en intensidad y frecuencia, a menudo desencadenados por estrés, alimentos específicos o cambios hormonales. Otros signos incluyen flatulencias y sensación de evacuación incompleta.
El diagnóstico se basa en criterios médicos, que requiere síntomas al menos una vez por semana durante tres meses. No existe cura, pero el manejo efectivo combina dieta, medicamentos y manejo del estrés.
La prevalencia global del SII alcanza los 700 millones de personas, con mayor incidencia en mujeres (2:1 respecto a hombres), según un estudio de The Lancet publicado en 2024. En América Latina, países como México reportan tasas de hasta 16% en población urbana.
La OMS estima que el SII representa el 20% de las consultas gastroenterológicas a nivel mundial. Sin embargo, un informe de la IFFGD de 2023 señaló que el 40% de los pacientes no busca tratamiento por considerar los síntomas normales.
Factores de riesgo incluyen antecedentes de infecciones intestinales, estrés crónico y predisposición genética.
La dieta juega un papel clave en el manejo del Síndrome del Intestino Irritable. Los alimentos a evitar incluyen lácteos (por la lactosa), gluten (en trigo, cebada y centeno), frijoles, brócoli, coliflor, bebidas carbonatadas y edulcorantes artificiales como el sorbitol, que pueden exacerbar la diarrea o los gases.
Alimentos ricos en grasas, como frituras, y el consumo excesivo de cafeína también son desencadenantes comunes, según la Clínica Mayo.
Se aconseja una dieta baja en FODMAP (fermentables, oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles), validada por estudios de la Universidad de Monash en 2024.
Alimentos recomendados incluyen arroz, pollo, pescado, huevos, zanahorias, calabacín, frutas bajas en fructosa (como plátanos maduros) y avena.
Mientras que beber 2 litros de agua diarios y consumir fibra soluble, como el psyllium, ayuda a regular el tránsito intestinal.
La IFFGD sugiere comer porciones pequeñas y frecuentes, evitar comidas copiosas y llevar un diario de alimentos para identificar desencadenantes.
La consulta con un nutricionista especializado en SII es fundamental para personalizar la dieta.
En 2025, la OMS enfatizó la importancia de combinar cambios dietéticos con técnicas de relajación, como yoga, para reducir síntomas relacionados con el estrés.
El SII no aumenta el riesgo de enfermedades graves como el cáncer , pero impacta significativamente la calidad de vida.