El chicharrón, un alimento emblemático de la gastronomía latinoamericana, ha sido por años señalado como un “pecado culinario”. Sin embargo, el doctor Rawdy Reales , médico internista y especialista en metabolismo, desmonta ese mito: asegura que el chicharrón no es tan dañino como se cree , siempre que se consuma con equilibrio y dentro de una dieta balanceada.

Un alimento con grasa buena, pero no perfecta

“Si tuviera que calificarlo del 0 al 10, le doy un 7 ”, explica el Dr. Reales. “No existe ningún alimento perfecto. El chicharrón tiene grasa saturada de origen animal, pero también posee propiedades antioxidantes y antiinflamatorias ”.

Según el especialista, el problema no está en comerlo, sino en abusar de su consumo . Comerlo a diario puede elevar los niveles de colesterol LDL (colesterol malo) y afectar la salud cardiovascular, especialmente si se combina con dietas altas en ultraprocesados.

El doctor aclara que el consumo ocasional - dos o tres veces por semana - no representa un riesgo para la mayoría de las personas, siempre que se mantenga un estilo de vida saludable.

La forma de preparación marca la diferencia

Reales enfatiza que el daño del chicharrón depende principalmente de cómo se cocina . “Debe freírse en su propia grasa o en una freidora de aire, pero jamás en aceites vegetales”, advierte.

El motivo: cuando se fríe en aceites procesados, el alimento absorbe grasas trans , que sí resultan perjudiciales y aumentan el riesgo de enfermedades metabólicas.

Incluso en personas con colesterol alto o problemas de peso, el médico recomienda no satanizar este tipo de alimentos: “El cuerpo necesita grasas. Lo importante es el tipo y la frecuencia. No existen alimentos prohibidos, solo hábitos mal equilibrados.”

Un llamado al equilibrio

Reales insiste en que la clave está en la variedad y moderación . El chicharrón puede ser parte de un almuerzo equilibrado si se acompaña con ensaladas frescas, legumbres o carbohidratos complejos. “Si tu dieta incluye frutas, verduras, agua y fibra, puedes darte un gusto sin culpa. Lo peligroso no es el chicharrón, sino la rutina de malos hábitos que lo rodea”, concluye.