Cuando un celular deja de encender, una laptop se vuelve lenta o un electrodoméstico queda obsoleto, la mayoría de personas opta por reemplazarlo sin preguntarse qué ocurre después con ese aparato. Sin embargo, detrás de cada dispositivo “inservible” existe una cadena de procesos que puede marcar la diferencia entre un residuo contaminante y una oportunidad de reutilización. Allí entra en juego la economía circular tecnológica.

Este enfoque busca romper con el modelo tradicional de “usar y desechar” y plantea un sistema en el que los productos electrónicos se mantienen en circulación el mayor tiempo posible, ya sea mediante reparación, reacondicionamiento, reciclaje o recuperación de materiales valiosos.

¿Qué es la economía circular aplicada a la tecnología?

La economía circular tecnológica se basa en diseñar, usar y gestionar los dispositivos electrónicos de forma más sostenible. En lugar de terminar en vertederos o bodegas, los aparatos pasan por distintos ciclos que extienden su vida útil o permiten reaprovechar sus componentes.

Esto implica cambios tanto en la industria —con productos más fáciles de reparar y reciclar— como en los hábitos de consumo de las personas, que cada vez están más expuestas a actualizaciones constantes y a la obsolescencia programada.

El destino de los dispositivos que ya no usas

Cuando un equipo deja de funcionar o es reemplazado por uno más nuevo, puede seguir varios caminos. Algunos dispositivos son reparados y revendidos como reacondicionados, una alternativa cada vez más común y económica.

Otros se desmontan para recuperar piezas como pantallas, baterías, placas electrónicas o cables. En estos componentes se encuentran materiales de alto valor, como cobre, aluminio, litio, cobalto e incluso pequeñas cantidades de oro y plata.

El problema surge cuando estos aparatos terminan en la basura común. Los residuos electrónicos contienen sustancias tóxicas que pueden contaminar el suelo y el agua, además de representar un riesgo para la salud si no se manejan adecuadamente.

¿Por qué los residuos electrónicos son un problema creciente?

El avance acelerado de la tecnología ha disparado la generación de desechos electrónicos a nivel mundial. Cada año se producen millones de toneladas de estos residuos, y solo una fracción se recicla de forma correcta.

Además del impacto ambiental, el desperdicio de dispositivos implica perder materiales que requieren grandes cantidades de energía y recursos naturales para su extracción. La economía circular busca justamente reducir esta presión sobre el planeta, recuperando lo que ya fue producido.

El rol de los usuarios en el ciclo tecnológico

Las personas juegan un papel clave en este modelo. Decidir reparar antes de reemplazar, donar equipos que aún funcionan o llevar los dispositivos a puntos de reciclaje autorizados son acciones concretas que ayudan a cerrar el ciclo.

También cobra importancia informarse antes de comprar: optar por marcas que ofrezcan repuestos, actualizaciones de software prolongadas y programas de devolución de equipos usados es parte de un consumo más responsable.

Innovación, empleo y sostenibilidad

La economía circular tecnológica no solo tiene beneficios ambientales. También impulsa nuevas oportunidades laborales en áreas como reparación, reacondicionamiento, reciclaje y logística inversa.

En varios países, este modelo ya forma parte de políticas públicas y estrategias empresariales orientadas a la sostenibilidad. La tecnología, paradójicamente, puede convertirse en aliada para reducir su propio impacto, siempre que se gestione de forma consciente.

Un cambio necesario en la era digital

En un mundo cada vez más dependiente de dispositivos electrónicos, repensar qué ocurre cuando “ya no sirven” es una urgencia. La economía circular tecnológica plantea una alternativa viable para reducir residuos, cuidar los recursos y construir una relación más equilibrada con la innovación.

Al final, el destino de un celular o una computadora no está solo en manos de las empresas, sino también en las decisiones cotidianas de quienes los usan. Elegir qué hacer con ellos puede marcar una gran diferencia.