El oído cumple un rol fundamental en la conexión de las personas con su entorno y en la estabilidad emocional, una relación que con frecuencia pasa desapercibida hasta que aparecen dificultades auditivas. Así lo explicó Ariana Araujo, audioprotetista, durante una entrevista en Manavisión Plus, donde abordó la importancia de detectar a tiempo cualquier alteración en la audición.
Según Araujo, la pérdida auditiva no tratada genera consecuencias que van más allá de la dificultad para escuchar. Diversos estudios científicos demuestran que este problema se vincula directamente con el aislamiento social, la soledad y el deterioro de la salud mental, especialmente en adultos mayores, quienes suelen normalizar estos cambios como parte del envejecimiento.
A escala global, más del cinco por ciento de la población presenta algún grado de pérdida auditiva, una cifra que podría incrementarse de manera significativa hacia el año 2050. Para la especialista, este escenario exige mayor conciencia sobre la prevención y el diagnóstico oportuno, ya que los efectos de una audición deficiente impactan en la convivencia familiar y social.
Pérdida auditiva y envejecimiento progresivo
Araujo explicó que no existe una edad exacta para el inicio de la pérdida auditiva, aunque desde los 35 años se produce un desgaste natural de los órganos sensoriales. Por esta razón, recomendó que, a partir de esa edad, las personas se realicen controles auditivos anuales, independientemente de si presentan o no molestias evidentes.
La especialista aclaró que, si bien es natural que con el paso del tiempo disminuya la capacidad auditiva, no es normal convivir con una pérdida que afecta la comunicación y la calidad de vida. Existen soluciones que permiten mejorar la audición y evitar que el problema avance, siempre que se actúe a tiempo.
Araujo señaló que actualmente se atienden también casos de niños y jóvenes con alteraciones auditivas, muchas de ellas relacionadas con el uso prolongado de auriculares a volúmenes elevados, una práctica que se intensificó durante los periodos de educación virtual y exposición constante a dispositivos electrónicos.
Factores de riesgo y chequeos preventivos
Además del uso inadecuado de auriculares, la audioprotetista indicó que enfermedades como la hipertensión y la diabetes pueden influir en la disminución auditiva. Estos factores hacen aún más necesario realizar evaluaciones periódicas, ya que la pérdida auditiva es irreversible y solo puede ser compensada mediante dispositivos especializados.
En este contexto, el oído actúa también como un sistema de alerta temprana. Síntomas como zumbidos persistentes, dificultad para seguir conversaciones en ambientes ruidosos o la necesidad de leer los labios son señales que no deben ignorarse, pues indican que algo no está funcionando correctamente.
Otro aspecto relevante es el equilibrio corporal. Araujo explicó que alteraciones auditivas pueden generar mareos, vértigo o inestabilidad, debido a la relación directa entre la audición y el sistema vestibular, responsable de la orientación y postura corporal.
Higiene auditiva y errores frecuentes
En cuanto al cuidado diario, Araujo advirtió sobre prácticas comunes que pueden resultar perjudiciales. El uso de cotonetes u objetos para limpiar el canal auditivo es una de las principales causas de lesiones e infecciones.
El oído posee un mecanismo natural de autolimpieza, por lo que la recomendación es limitar la higiene a la parte externa, utilizando una gasa o paño seco, sin introducir ningún objeto. Manipular el canal auditivo puede provocar daños en el tímpano o infecciones bacterianas.
Ante molestias persistentes o dolor, la especialista recomendó evitar la automedicación y acudir a un profesional para una revisión adecuada. Muchas veces, estas molestias se deben a acumulación de cera o a cuerpos extraños que requieren atención especializada.
Señales de alerta y calidad de vida
Araujo detalló que el tinnitus, conocido como zumbido, es una de las primeras manifestaciones de una posible pérdida auditiva. Este síntoma puede presentarse en uno o ambos lados y requiere evaluación profesional para determinar su origen y alcance.
El oído también influye en la postura corporal. Cuando una persona inclina la cabeza de forma constante para escuchar mejor, se generan tensiones musculares que derivan en dolores cervicales y molestias físicas adicionales, afectando la movilidad y el bienestar general.
Para la especialista, muchas de estas situaciones pasan desapercibidas porque se normalizan en la vida diaria, retrasando el diagnóstico y reduciendo las posibilidades de intervención temprana.
Prevención y recomendaciones finales
Araujo enfatizó la importancia de adoptar hábitos preventivos, como reducir la exposición a ruidos intensos, utilizar protectores auditivos y regular el volumen de los dispositivos electrónicos, manteniéndolo por debajo del 60 % y por periodos limitados.
El cuidado del oído debe entenderse como parte integral de la salud general, dijo en la entrevista. Realizar chequeos auditivos anuales, desde la infancia, permite detectar alteraciones de manera temprana y preservar la comunicación, la vida social y el equilibrio emocional a lo largo del tiempo.