Hoy en día, la osteoporosis se considera una de las enfermedades crónicas más extendidas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 200 millones de personas la padecen y que el número sigue creciendo a medida que la población envejece y se acentúan los estilos de vida sedentarios.

El reumatólogo Ángel Villacreses Arteaga explicó en Manavisión Plus que esta patología afecta la estructura interna del hueso, reduciendo su densidad y volviéndolo frágil ante mínimos esfuerzos. Destacó que se trata de una afección silenciosa, sin dolor aparente.

La osteoporosis, señaló, refleja las condiciones de vida actuales: jornadas laborales prolongadas, poca actividad física, alimentación inadecuada y menor exposición al sol. Estos factores, combinados con el envejecimiento natural del organismo, están aumentando la incidencia de la enfermedad incluso en edades más tempranas.

Hábitos que agravan el riesgo de osteoporosis

El proceso de pérdida ósea se inicia normalmente después de los 35 años, cuando el cuerpo reduce su capacidad de absorber calcio. En las mujeres, este deterioro se acelera durante la menopausia .

El embarazo también representa una etapa de alta demanda mineral, ya que el organismo materno prioriza los nutrientes hacia el feto. Sin una dieta equilibrada o una suplementación adecuada, el desgaste del esqueleto puede aumentar progresivamente.

La alimentación moderna, rica en carbohidratos y grasas, junto con el estrés constante y la falta de ejercicio, impide el metabolismo adecuado de nutrientes esenciales. La deficiencia de vitamina D es otro factor determinante, pues sin ella el calcio no logra fijarse correctamente en el hueso.

El papel del calcio y la vitamina D

La vitamina D cumple una función decisiva en la fortaleza ósea: facilita la absorción del calcio y permite que el esqueleto mantenga su rigidez natural. Sin embargo, la exposición solar insuficiente y los cambios en la vida urbana han provocado deficiencias generalizadas.

El especialista enfatiza que la alimentación debe incluir productos ricos en calcio como leche, yogur, granos secos, verduras y frutas. En cambio, el consumo frecuente de comidas rápidas, bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados interfiere en el equilibrio metabólico y acelera el desgaste del hueso.

La obesidad también se asocia con el debilitamiento de la estructura ósea, ya que el exceso de peso ejerce presión sobre las articulaciones y favorece enfermedades degenerativas como la artrosis. Por eso, mantener un peso adecuado es parte esencial del cuidado preventivo.

Prevención, diagnóstico y control médico

La osteoporosis no se manifiesta con dolor, por lo que muchas personas desconocen su estado óseo hasta sufrir una fractura. Por ello, los especialistas recomiendan realizar densitometrías a partir de los 40 años, especialmente en mujeres posmenopáusicas o personas con antecedentes familiares.

La detección temprana permite establecer medidas correctivas antes de que se produzcan daños irreversibles. Una vez diagnosticada, la enfermedad puede estabilizarse mediante tratamiento médico, suplementos y cambios en la rutina diaria.

El control profesional evita el uso indebido de productos o suplementos adquiridos sin receta. La automedicación, frecuente en casos de dolor articular, puede generar desequilibrios y complicaciones adicionales. El seguimiento médico es indispensable para ajustar dosis y evaluar la respuesta del organismo.

Tratamientos modernos para la osteoporosis

Los tratamientos actuales incluyen medicamentos que fortalecen el hueso y regulan su recambio natural. Entre ellos se encuentran los bifosfonatos y las terapias biológicas, que estimulan la regeneración del tejido óseo. Estas terapias deben combinarse con calcio y vitamina D para alcanzar resultados efectivos.

Además del tratamiento farmacológico, se recomienda incorporar actividad física regular. Ejercicios de bajo impacto, como caminar o nadar, estimulan el metabolismo del hueso y mejoran la estabilidad muscular, reduciendo el riesgo de caídas.

El cuidado integral implica equilibrar nutrición, movimiento y descanso. Evitar el tabaco, limitar el consumo de alcohol y moderar los carbohidratos simples son pasos básicos para preservar la salud del sistema musculoesquelético.

Posición y cuidados al dormir

Dormir con una postura adecuada reduce tensiones musculares, previene sobrecargas en la columna y evita dolores al despertar. Villacreses explicó que durante el sueño los músculos se relajan y una mala posición puede desencadenar molestias en hombros, cuello y región lumbar.

La guía central es mantener la columna lo más alineada posible y reconocer señales de alerta: si amaneces con dolor o rigidez, conviene ajustar la postura y revisar el soporte de colchón y almohadas.

La posición supina (boca arriba) con la espalda recta favorece una alineación neutral. En personas con dolor lumbar, colocar una almohada bajo las rodillas disminuye la carga en las vértebras inferiores. Dormir de lado también es válido si se añade una almohada entre las rodillas para evitar la rotación de caderas y columna.

Debe evitarse apoyar los brazos detrás de la cabeza porque tensa hombros y cuello, y no se recomienda dormir boca abajo por la hiperextensión cervical. Un colchón en buen estado -idealmente semiortopédico o más rígido en casos de problemas lumbares- y una almohada que sostenga el cuello sin forzarlo completan el cuidado, dijo el experto. Si el dolor persiste o limita actividades, se aconseja evaluación médica para descartar lesiones y ajustar el manejo.

https://www.eldiario.ec/vida/el-33-de-los-pacientes-con-dolor-cronico-padece-tambien-artrosis-segun-estudio-23102025/