Las brochas de maquillaje son compañeras fieles en la rutina de belleza diaria. Con ellas se difumina, corrige y resalta el rostro, pero pocas personas les dan el mantenimiento que realmente necesitan. Con el paso del tiempo, los residuos de base, polvo y grasa natural de la piel se acumulan en las cerdas, convirtiéndose en un terreno fértil para bacterias que pueden causar irritaciones, acné o infecciones cutáneas. Mantenerlas limpias no es solo una cuestión estética, sino también de salud.
La importancia de una limpieza regular
Según dermatólogos y maquilladores profesionales, las brochas deben lavarse al menos una vez por semana si se usan a diario. Las de base y corrector , que acumulan más producto graso, necesitan una limpieza aún más frecuente . De lo contrario, la brocha deja de aplicar bien el maquillaje, pierde suavidad y puede alterar el tono o la textura de los cosméticos.
Cómo limpiarlas correctamente
Lavar las brochas no requiere productos costosos. Un jabón neutro o champú para bebé es suficiente para eliminar los residuos sin dañar las fibras. Lo ideal es humedecer las cerdas (sin mojar el mango de madera o metal, para evitar que se despegue), aplicar una pequeña cantidad de jabón y frotar suavemente en la palma de la mano o sobre una superficie texturizada. Luego, enjuaga con agua tibia hasta que salga limpia y déjalas secar con las cerdas hacia abajo sobre una toalla limpia.
Un truco eficaz para desinfectarlas es añadir una gota de vinagre blanco o alcohol isopropílico al agua de enjuague, ya que elimina bacterias sin dañar las fibras. También existen limpiadores en spray para una limpieza rápida entre aplicaciones, ideales para brochas de sombras o rubor.
El secado, un paso clave
Dejar las brochas secar correctamente es tan importante como lavarlas. Nunca deben colocarse en posición vertical mientras están húmedas, ya que el agua puede filtrarse hacia el mango y despegar el pegamento interno. Lo mejor es colocarlas en horizontal sobre una toalla o colgarlas con las cerdas hacia abajo . Además, deben secarse en un lugar ventilado, sin exposición directa al sol.
Cuándo reemplazarlas
Aunque una buena limpieza puede prolongar su vida útil, las brochas no duran para siempre. Si las cerdas se abren, se caen o pierden suavidad, es momento de renovarlas. En promedio, una brocha bien cuidada puede durar entre uno y tres años . Invertir en calidad también marca la diferencia: las de fibras naturales o sintéticas de buena densidad resisten mejor el lavado y conservan su forma por más tiempo.
Más que limpieza: una inversión en salud y belleza
Mantener las brochas limpias no solo mejora el acabado del maquillaje, sino que evita reacciones alérgicas, puntos negros y contaminación cruzada entre productos. Además, el hábito del lavado se convierte en un momento de cuidado personal, un pequeño ritual que refleja respeto hacia la piel y los objetos que se usan cada día.