Cientos de millones de toneladas de polvo del desierto del Sahara viajan cada año desde África hacia América , Europa y el Caribe debido a los vientos estacionales que impulsan estas partículas, cuyo recorrido es clave para comprender efectos en la salud, los ecosistemas y el clima global.

Un puente natural entre África y América

Cada año, nubes de polvo atraviesan miles de kilómetros entre el Sahara y el continente americano. Se estima que más de 60 millones de toneladas de material particulado alcanzan el Océano Atlántico , la Amazonía y el Caribe , transportando minerales esenciales para diversos ecosistemas.

El polvo sahariano contiene magnesio , feldespato , caolinita , circón , hierro , sílice y sulfatos , elementos que participan en procesos de fertilización marina y terrestre. Este aporte es particularmente relevante en regiones donde el suelo presenta baja disponibilidad de nutrientes , como la Amazonía.

Científicos señalan que cerca del 13% del fósforo atmosférico que llega a la selva amazónica procede de estas partículas. Sin este aporte, la disponibilidad de fósforo disminuiría progresivamente, afectando el crecimiento vegetal y la capacidad de almacenamiento de carbono del bosque tropical.

Fertilización natural en océanos y selvas

Cuando el polvo alcanza el océano, los minerales que transporta se dispersan en la superficie marina. El hierro , aunque presente en forma mayormente insoluble, se vuelve aprovechable para el fitoplancton gracias a moléculas conocidas como ligandos , que lo hacen disponible para estos microorganismos.

En el caso de la Amazonía , la deposición de polvo contribuye a mantener la fertilidad de los suelos, impactados por ciclos intensos de lluvias que erosionan los nutrientes. Esta transferencia mineral ayuda a sostener la productividad de uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta.

El polvo también tiene un papel destacado en la sedimentación del Mar Mediterráneo , aportando minerales que permiten el equilibrio de ecosistemas sensibles.

Interacciones con la atmósfera y el clima

Las expediciones científicas, entre ellas la realizada en 2016 a bordo del Royal Research Ship James Cook , estudiaron los procesos de transporte del polvo y sus propiedades atmosféricas. La misión, organizada por instituciones europeas, evaluó cómo estas partículas influyen en la radiación solar y en la dinámica climática .

El investigador Antoni Rosell , participante del proyecto, explicó que el polvo en suspensión actúa como una barrera parcial para la radiación solar, reduciendo la energía que llega a la superficie terrestre. Este proceso se vincula al llamado efecto de albedo , que consiste en la capacidad de una superficie para reflejar la luz solar.

Las partículas del Sahara, de color claro, tienden a reflejar parte de la radiación hacia el espacio, generando un efecto de enfriamiento . En contraste, superficies oscuras como el hollín absorben más calor, incrementando la temperatura. Aunque el impacto exacto en términos de grados aún se cuantifica, los estudios confirman la influencia de estas partículas en el balance energético global.

Orígenes del polvo y rutas de transporte

El Sahara no emite la misma cantidad de polvo en todas sus zonas. Uno de los principales puntos de emisión es el antiguo lago Chad , actualmente seco, cuyos sedimentos producen partículas especialmente finas que viajan mayores distancias.

La dirección predominante del viento impulsa estas partículas hacia el Caribe , Sudamérica y ocasionalmente Europa , donde se hacen visibles durante episodios de lluvia. Otro foco relevante se encuentra en Asia, en el desierto del Gobi , cuyas emisiones se dirigen hacia el Pacífico y Norteamérica , respondiendo a cinturones de circulación distintos.

}Impactos ecológicos y balance climático

Además del efecto albedo, el polvo estimula la producción marina , pues los nutrientes impulsan la actividad fotosintética de microorganismos como las algas unicelulares . Este proceso contribuye a la captura de CO₂ , con efectos sobre la regulación del clima.

La interacción constante entre emisiones naturales , circulación atmosférica y ecosistemas terrestres y marinos forma parte del equilibrio climático. Sin embargo, modificaciones humanas como cambios en el uso del suelo o aumento de gases de efecto invernadero alteran este balance natural. (10).