Con lágrimas, flores, música de Alzate y rodeado de los monigotes que él mismo elaboraba cada fin de año, fue despedido Jairo Stalin Silva Pallo , un hombre trabajador de 38 años que murió acribillado la noche del viernes 24 de octubre de 2025 en el interior de un billar, ubicado en la avenida Abraham Calazacón , en Santo Domingo de los Tsáchilas .
Tres hombres armados
El hecho violento ocurrió cerca de las 23h00 , cuando al establecimiento arribó una camioneta blanca doble cabina, sin placas , de la que descendieron al menos tres hombres fuertemente armados. Según el reporte policial, los sujetos ingresaron disparando directamente contra los presentes. Como resultado, cinco personas fueron asesinadas y una más resultó herida.
Jairo fue una de esas víctimas. Su familia aún no encuentra consuelo. “Estábamos reunidos en casa. Él nos dijo que salía un rato y que ya regresaba. Nunca imaginamos que esa sería la última vez que lo veríamos con vida” , contó su hermano.
La víctima había salido con un amigo de nacionalidad peruana, David Gustavo Herrera Sandoval , quien también fue asesinado en el mismo hecho. Su cuerpo fue identificado por sus familiares un día después en el Centro Forense .
Catorce años creando monigotes
A Jairo lo recuerdan con admiración y cariño. Era el mayor de tres hermanos y, por más de catorce años, se dedicó con pasión a la creación de monigotes gigantes , que cada diciembre eran exhibidos frente a su casa en la cooperativa Jorge Mahuad . También trabajaba como pintor y estucador, pero cada fin de año su energía se enfocaba en mantener viva una tradición que unía a toda la familia.
“Mi hermano no estaba metido en ninguna banda, no tenía enemigos, ni problemas con nadie. Era un hombre de trabajo, con sueños simples y un corazón enorme. Lo que pasó fue un balde de agua fría para todos” , expresó entre lágrimas uno de sus familiares.
Arte y legado
Los monigotes formaban parte de su vida. En su velorio, los muñecos estuvieron presentes, como un homenaje a su arte y legado. Su familia ha decidido continuar con esta tradición, ahora como un acto de resistencia y memoria. “Él era quien nos inspiraba, quien nos motivaba a seguir adelante. Vamos a seguir haciendo los monigotes, más fuertes que nunca, porque es algo que él amaba y que queremos que siga vivo” , dijeron sus hermanos.
Jairo no tenía antecedentes penales y era muy querido en su comunidad. Su asesinato ha causado indignación, no solo por la forma violenta en que ocurrió, sino porque apagó la vida de un hombre que representaba esfuerzo, arte y tradición popular . Su legado quedará grabado no solo en su familia, sino en cada monigote que se alce como símbolo de identidad en Santo Domingo .