El Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado presentó en octubre de 2025 un análisis que identifica cómo el hogar, los vínculos cercanos y las aspiraciones de estatus influyen en la vinculación de adolescentes a grupos criminales en la Costa ecuatoriana.

Reclutamiento de los grupos criminales

El análisis se desarrolló a partir de 2.965 encuestas aplicadas a estudiantes de entre 12 y 17 años en ciudades de la Costa ecuatoriana. El documento describe la forma en que los menores se vinculan a grupos criminales y cómo esa decisión o presión responde a factores del hogar, relaciones afectivas y dinámicas territoriales.

El estudio busca comprender el proceso que lleva a un adolescente a encontrarse en entornos donde la violencia y las economías ilegales son parte de la vida cotidiana.

Uno de los ejes centrales es el entorno inmediato

La investigación muestra que cuando un adolescente convive con violencia , falta de acompañamiento emocional o tensiones constantes en el hogar, su percepción de seguridad se desplaza hacia espacios externos. Si en esos espacios existen personas vinculadas a grupos criminales, la posibilidad de acercamiento y posterior integración se vuelve más alta.

La percepción de inseguridad dentro de casa es un determinante clave: quienes sienten su hogar como un ambiente hostil presentan una probabilidad significativamente mayor de aceptar la presencia de actores armados como referencia o protección.

La presencia de familiares vinculados a criminales

Esta cercanía hace que el delito aparezca como parte de la normalidad cotidiana. Además, cuando existen amigos o vecinos relacionados, el ingreso puede darse por invitación directa o por imitación. Y esto se especialmente entre quienes buscan ser reconocidos o encajar en un grupo.

El estudio señala que para muchos adolescentes el grupo criminal no representa únicamente peligro, sino una comunidad alternativa , capaz de otorgar pertenencia, apoyo y sentido de identidad.

La edad en que ocurre el primer acercamiento

La captación temprana, entre los 12 y 14 años , se basa con frecuencia en amenazas, manipulación afectiva o presión directa . En esta etapa, el uso de redes sociales facilita el contacto inicial sin intervención de adultos.

Se crean vínculos a través de conversaciones aparentemente inocentes que luego derivan en exigencias, retos o compromisos. En zonas donde la presencia de grupos delictivos es visible en la calle, el joven puede interpretar estas interacciones como parte de la vida normal.

A partir de los 15 años , la dinámica cambia. En esta etapa, la vinculación suele estar orientada por aspiraciones : estatus, protección frente a otros grupos o acceso rápido a dinero y reconocimiento. El estudio señala que la idea de liderazgo dentro de estas estructuras tiene un peso importante. La ausencia de oportunidades laborales, becas o espacios de participación comunitaria refuerza la percepción de que el ascenso social solo es posible en circuitos ilegales.

E scalada de violencia letal contra adolescentes

En el primer semestre de 2025, los homicidios intencionales de jóvenes entre 12 y 17 años se acercaron al total registrado en todo 2023 y 2024. La utilización de armas de fuego es predominante, lo que muestra que los adolescentes están ocupando roles de ejecutores , vigilantes o cobradores de extorsión.

Esta normalización de la violencia no solo incrementa las cifras de muertes, sino que profundiza el ciclo de reclutamiento, ya que las represalias entre grupos se trasladan al barrio y a la escuela.

El estudio concluye que la vinculación no se explica por una única causa, sino por la interacción entre contexto familiar y más . La violencia no aparece de forma abrupta: se instala a través de mensajes, ejemplos y silencios. La captación funciona porque penetra en la vida cotidiana antes de que el adolescente reconozca el riesgo o tenga herramientas para nombrarlo (21).