Santo Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasecca, Italia, cerca del año 1225,  perteneció a una familia noble que inicialmente se opuso a su vocación. A pesar de las presiones familiares para que se uniera a la Orden de San Benito, Tomás decidió ingresar a la Orden de Predicadores (Dominicos), una orden mendicante.

Su formación intelectual alcanzó su punto álgido en la Universidad de París y en Colonia, bajo la tutela de San Alberto Magno, quien predijo que el "buey mudo" —apodo que le daban sus compañeros por su timidez— llenaría el mundo con sus doctrinas.

Cada 28 de enero, la comunidad católica y el mundo académico conmemoran la festividad de Santo Tomás de Aquino, reconocido como el Doctor Angélico. Esta fecha, establecida en el calendario litúrgico, no marca el día de su fallecimiento —ocurrido el 7 de marzo de 1274—, sino el traslado de sus reliquias a la ciudad de Toulouse, Francia, en el año 1369. La celebración rinde tributo en todo el mundo a quien logró la síntesis definitiva entre la fe cristiana y la razón aristotélica, consolidándose como el máximo exponente de la enseñanza escolástica.

La reconciliación entre fe y razón

La obra de Santo Tomás de Aquino es vasta y constituye el cimiento de gran parte de la doctrina católica moderna. Su texto más emblemático, la Summa Theologica, es un compendio de toda la teología de su tiempo, organizada de manera sistemática. En ella, el autor desarrolla las famosas "Cinco Vías", que son argumentos lógicos para demostrar la existencia de Dios partiendo de la observación del mundo sensible y el principio de causalidad.

Su filosofía se distingue por defender que la gracia no anula la naturaleza, sino que la perfecciona. Aquino sostuvo con rigor que la razón humana puede alcanzar verdades sobre el mundo y el creador por sí misma, pero que la revelación divina es necesaria para acceder a los misterios más profundos de la fe. Este equilibrio permitió que la Iglesia Católica adoptara un marco intelectual robusto frente a los desafíos de la modernidad.

Además de su producción teológica, Santo Tomás de Aquino destacó como poeta litúrgico. Por encargo del papa Urbano IV, compuso los textos para la festividad del Corpus Christi, incluyendo himnos que se mantienen vigentes en la liturgia actual, como el Pange Lingua y el Tantum Ergo. Su capacidad para unir la profundidad intelectual con la piedad mística es uno de los rasgos que más destacan los historiadores de la Iglesia.

El proceso de santidad y el reconocimiento universal

Santo Tomás de Aquino fue canonizado el 18 de julio de 1323 por el papa Juan XXII. Durante el proceso de canonización, se destacó que su mayor milagro era su propia doctrina, dada la claridad y profundidad de sus escritos. Posteriormente, en 1567, el papa Pío V lo proclamó Doctor de la Iglesia, y en 1879, León XIII declaró su filosofía (el tomismo) como la base oficial de los estudios teológicos católicos mediante la encíclica Aeterni Patris.

El legado de Santo Tomás de Aquino se extiende más allá de los templos. Es considerado el patrono de las universidades, los estudiantes y los teólogos. Su influencia es palpable en el Derecho Natural, la ética y la política, habiendo sentado bases sobre el concepto de bien común y la legitimidad de la autoridad. Universidades alrededor del globo, especialmente las instituciones dominicas, celebran este día con actos académicos y ceremonias religiosas.

En la actualidad, su pensamiento sigue siendo objeto de estudio en facultades de filosofía no confesionales, debido a su contribución a la lógica y la metafísica. El impacto de su obra asegura que, casi ocho siglos después de su muerte, el sistema tomista siga siendo una referencia obligatoria para entender la evolución del pensamiento occidental y la estructura del dogma católico.