San Pablo de Tebas nació hacia el año 228 en una familia acomodada de la Tebaida egipcia. Quedó huérfano muy joven y recibió una educación esmerada. Durante la persecución de Decio (249-251), al ser denunciado por un cuñado que codiciaba su herencia, huyó al desierto a los 22 años.
Se refugió en una cueva en una montaña cercana al Mar Rojo, donde encontró una fuente de agua y una palmera que le proporcionaba alimento y sombra, según la narración de San Jerónimo en la Vita Pauli Primi Eremitae (escrita en 374-375).
Vida eremítica
Pablo permaneció en esa cueva durante 90 años, hasta su muerte alrededor del 341. Se alimentaba exclusivamente de dátiles de la palmera y del agua de la fuente. Vestía una túnica tejida con hojas de palmera.
Según San Jerónimo, un cuervo le llevaba diariamente medio pan; el día de la visita de San Antonio Abad (que tenía 90 años cuando conoció a Pablo, quien tenía 113), el cuervo llevó un pan entero.
El encuentro entre ambos ermitaños es narrado con detalle por Jerónimo y constituye uno de los textos fundacionales de la literatura monástica.
Muerte y sepultura
San Pablo murió el 15 de enero del año 341 (o poco después). Según la tradición, San Antonio Abad, advertido por un ángel, regresó al desierto para enterrar al anciano ermitaño.
Dos leones cavaron con sus patas la fosa donde fue sepultado Pablo con su túnica. El lugar exacto de la tumba permanece desconocido.
Canonización y culto
San Pablo de Tebas fue venerado como santo desde los primeros siglos del cristianismo. Su culto fue confirmado por la tradición patrística (San Jerónimo, San Agustín) y nunca ha requerido proceso formal de canonización.
Es considerado el primer ermitaño de la historia cristiana y precursor del monacato egipcio.
Celebración del 15 de enero
La memoria litúrgica se celebra el 15 de enero, fecha tradicional de su muerte, según el Martirologio Romano.
En la Iglesia copta y en algunas iglesias orientales se conmemora el 15 de julio, pero la fecha universal latina es el 15 de enero. En Egipto y en comunidades monásticas se le recuerda como modelo de vida retirada.
Legado en la Iglesia
El legado de San Pablo de Tebas es inmenso: su figura inauguró la tradición eremítica cristiana que luego floreció con San Antonio Abad, San Pacomio y los Padres del Desierto.
La Vita Pauli Primi Eremitae de San Jerónimo se convirtió en uno de los textos fundacionales del monacato occidental y fue traducida y difundida en toda Europa medieval.