Este 24 de enero, la comunidad católica internacional conmemora la festividad de San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia.
Esta fecha no marca su fallecimiento, sino el traslado de sus reliquias, un evento litúrgico que permite recordar el impacto de su obra teológica y su particular método de evangelización.
San Francisco de Sales nació en el castillo de Sales, en Saboya (actual Francia), el 21 de agosto de 1567 y creció en el seno de una familia noble. Su formación académica fue rigurosa, estudiando Derecho y Teología en la Universidad de París y posteriormente en la Universidad de Padua, donde obtuvo el doctorado en ambas disciplinas.
A pesar de la oposición inicial de su padre, quien deseaba para él una carrera jurídica secular, Francisco se ordenó sacerdote en 1593, iniciando una labor pastoral en una Europa dividida por las tensiones religiosas derivadas de la Reforma Protestante.
Su designación como santo y su relevancia histórica no se basan únicamente en su piedad personal, sino en su enfoque innovador hacia la espiritualidad.
Francisco de Sales sostuvo que la santidad no era exclusiva de la vida monástica, sino que era accesible para cualquier persona en medio de sus ocupaciones cotidianas, ya fueran soldados, nobles o artesanos. Esta visión quedó plasmada en su obra cumbre, la "Introducción a la vida devota" (1609), un texto que se convirtió en un bestseller de la época y que sigue siendo referencia en la literatura espiritual cristiana.
La pluma como herramienta de fe y el origen de su patronazgo
La conexión de San Francisco de Sales con el periodismo moderno radica en su misión en la región de Chablais. Ante la hostilidad de la población calvinista que rechazaba escuchar sus predicaciones en público, Francisco optó por una estrategia de comunicación escrita.
Redactó hojas sueltas y panfletos doctrinales que deslizaba por debajo de las puertas de las casas o pegaba en los muros. Esta metodología de difusión masiva de ideas, precursora del periodismo de opinión y divulgación, fue determinante para que la Iglesia lo reconociera siglos después como el protector de quienes ejercen la comunicación social.
Su filosofía se distanciaba del rigorismo imperante en su tiempo. Es conocido por la frase: "Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre". Este principio de dulzura y paciencia no solo definió su carácter, sino también su estrategia diplomática y pastoral.
El papa Pío XI lo nombró patrono de los periodistas y escritores en 1923.
Funda orden
En 1602 fue consagrado Obispo de Ginebra, aunque debido a la situación política y religiosa, residió en Annecy, desde donde administró su diócesis con un enfoque centrado en la caridad y la educación, fundando junto a Santa Juana de Chantal la Orden de la Visitación de Santa María en 1610.
El legado literario de Sales incluye también el "Tratado del Amor de Dios", una obra de profunda teología mística. Su estilo de escritura, claro, elegante y libre de artificios innecesarios, fue elogiado por la Academia Francesa, considerándolo uno de los forjadores del idioma francés moderno. Su capacidad para traducir conceptos teológicos complejos a un lenguaje comprensible para el laico fue una de las razones principales para su canonización en 1665 por el Papa Alejandro VII y su posterior declaración como Doctor de la Iglesia en 1877 por el Papa Pío IX.
Por qué se celebra el 24 de enero
Aunque San Francisco de Sales falleció el 28 de diciembre de 1622 en Lyon, la Iglesia Católica estableció su fiesta litúrgica el 24 de enero. La razón de este cambio obedece a un criterio práctico y litúrgico: el 28 de diciembre coincidía con la festividad de los Santos Inocentes y estaba demasiado cerca de la Navidad. Por ello, se eligió el día en que su cuerpo fue trasladado solemnemente a la iglesia de Annecy en 1663, lugar donde reposan sus restos y que se ha convertido en un centro de peregrinación internacional.
Vigencia
En la actualidad, la figura de San Francisco de Sales es retomada anualmente por el Vaticano. Es tradición que, en la víspera o el mismo día de su festividad, la Santa Sede haga público el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Este gesto refuerza el vínculo entre el santo saboyano y la ética comunicativa, recordando a los profesionales de la información la importancia de la búsqueda de la verdad con respeto hacia la dignidad humana, un pilar fundamental en la filosofía salesiana.
Su influencia trasciende lo puramente eclesiástico. Instituciones educativas y congregaciones religiosas, como los Salesianos de Don Bosco (quien eligió a Francisco como modelo de amabilidad para su propia obra educativa), mantienen vivo su nombre. La vigencia de su pensamiento radica en la propuesta de un humanismo devoto, donde la cortesía, la afabilidad y la comunicación clara son vistas no solo como virtudes sociales, sino como caminos hacia la trascendencia espiritual.