Cada 29 de enero, la Iglesia católica celebra la festividad de San Pedro Nolasco, un visionario que dedicó su vida y recursos a la liberación de prisioneros cristianos durante la época de las Cruzadas y la Reconquista. Nacido en Mas-Saintes-Puelles, Francia, hacia el año 1180, Nolasco se trasladó a Barcelona, donde inició una de las labores humanitarias más significativas del siglo XIII. Su misión no solo fue caritativa, sino institucional, al establecer las bases de una organización que sobreviviría más de ochocientos años.
La importancia de esta fecha radica en la consolidación histórica de su culto tras su canonización por el papa Urbano VIII en 1628. Aunque su fallecimiento se registra un 6 de mayo de 1256, el calendario litúrgico tradicional fijó su memoria en enero para honrar el traslado de sus restos y la expansión de su orden por el mundo. Este día sirve para recordar la filosofía de entrega total que definió su existencia y la estructura de la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced.
De la riqueza a la redención de cautivos
San Pedro Nolasco provenía de una familia de mercaderes acaudalados, lo que le permitió disponer de una herencia considerable tras la muerte de su padre. En lugar de acrecentar su patrimonio, decidió utilizar sus bienes para comprar la libertad de cristianos que habían sido capturados por piratas sarracenos o en conflictos bélicos en el norte de África y el sur de la Península Ibérica. En aquel contexto histórico, los prisioneros eran sometidos a trabajos forzados y corrían el riesgo de perder su fe bajo presión.
Hacia el año 1203, San Pedro Nolasco ya operaba de manera independiente en Valencia, logrando rescatar a cientos de personas con su propio dinero. Sin embargo, al agotarse sus recursos económicos, comprendió que la tarea requería una estructura más sólida y colectiva. Fue así como formó un grupo de laicos dispuestos a recolectar limosnas para continuar con las redenciones. Esta transición de la acción individual a la colectiva marcó el inicio de lo que más tarde sería una de las órdenes religiosas más influyentes de la cristiandad.
El impulso definitivo ocurrió la noche del 1 al 2 de agosto de 1218. Según los registros históricos y la tradición mercedaria, Nolasco experimentó una visión de la Virgen María que le instó a fundar una orden religiosa dedicada formalmente a la redención. Este evento fue respaldado por el rey Jaime I de Aragón y el obispo Berenguer de Palou, quienes asistieron a la fundación oficial de la orden el 10 de agosto de 1218 en el Altar Mayor de la Catedral de Barcelona.
El pacto de libertad y el cuarto voto
Lo que distingue a San Pedro Nolasco y su obra de otras instituciones de la época es la incorporación del "cuarto voto". Además de los votos tradicionales de pobreza, castidad y obediencia, los miembros de la Orden de la Merced juraban "quedar como rehenes en poder de los infieles, si fuera necesario, para la liberación de los fieles cristianos". Este compromiso implicaba que, si el dinero del rescate no era suficiente, el religioso debía ofrecer su propia libertad o vida a cambio del cautivo.
Esta filosofía de sacrificio personal convirtió a los mercedarios en figuras clave de la diplomacia y la asistencia social en el Mediterráneo. San Pedro Nolasco fue nombrado Redentor General por el papa Gregorio IX, quien aprobó la orden en 1235 bajo la Regla de San Agustín. Durante su vida, se estima que Nolasco organizó expediciones que resultaron en la liberación de más de 3.900 cautivos, una cifra significativa para los estándares demográficos y logísticos del medievo.
La estructura operativa de la orden incluía la recolección de la "limosna para los cautivos", la gestión de hospitales y el acompañamiento espiritual de quienes recuperaban su libertad. El impacto de Nolasco trascendió las fronteras españolas, extendiéndose rápidamente por Europa y, posteriormente, durante la evangelización de América, donde los mercedarios establecieron misiones centradas en la protección de los más vulnerables.
El legado de la Orden de la Merced en la actualidad
San Pedro Nolasco es considerado el patrono de los cautivos, los presos y los conductores en diversas regiones. Su legado se mantiene vigente a través de la Orden de la Merced, que hoy opera en más de 20 países. Aunque los rescates de esclavos en contextos de guerra han disminuido, la organización ha adaptado su carisma a las "nuevas formas de cautividad" del siglo XXI, como la trata de personas, el apoyo a refugiados y la asistencia en centros penitenciarios.
El reconocimiento de su santidad se fundamentó en su vida de caridad heroica y en los milagros documentados tras su muerte. El papa Alejandro VII extendió su festividad a toda la Iglesia universal en 1664, consolidando su figura como un referente de los derechos humanos avant la lettre. La celebración del 29 de enero sigue siendo un punto de encuentro para fieles que ven en Nolasco un ejemplo de desprendimiento y compromiso social.
Sus restos descansan en la Basílica de la Merced en Barcelona, lugar que continúa siendo un centro de peregrinación para quienes buscan inspiración en la figura del hombre que prefirió la esclavitud propia antes que permitir la opresión ajena.