Piernas alzadas como si pasara una corriente eléctrica. Bancos tambaleantes. Sillas patas arriba. Gritos agudos que se mezclaban con carcajadas nerviosas. Un par de saltos tan sincronizados que bien pudieron ensayarse para una coreografía. Y, en medio de esa escena, la razón de todo: una rata veloz y robusta. El roedor irrumpió en el desfile estudiantil de Portoviejoy, por unos minutos, se adueñó de la atención que estaba reservada para tambores, bandas y uniformes impecables.
Fue en la zona del paso elevado peatonal entre la Universidad Técnica de Manabí (UTM) y el Parque La Rotonda, donde la jornada se convirtió en una escena llamativa.
Lo que empezó como un desfile ordenado, se transformó por un momento con un pequeño torbellino de histeria, humor y zapatos levantados.
Al son de los tambores... patitas al aire
Entre redoblantes, bandas estudiantiles y el bullicio habitual, un movimiento rasante rompió la rutina: la rata apareció como un relámpago con bigotes.
Su irrupción fue tan repentina que una mujer, con reflejos de atleta, alzó su banquito de plástico como si blandiera una espada improvisada. A su lado, una madre levantó a su hijo en un acto de rescate digno de película familiar.
Niños lloraban, otros reían, mientras algunos daban saltos que rozaban el pánico coreografiado.
Hubo piernas arriba, mas altas que las de las cachiporreras. También gritos desafinados y un par de sillas que terminaron patas al cielo. La rata, por su parte, avanzaba. Una versión manabita de Speedy González, abriéndose paso entre la multitud al ritmo de los tambores.
Un desfile paralelo en la zona del público
Mientras las delegaciones estudiantiles marchaban con disciplina, el pequeño intruso organizó su propio desfile subterráneo. Pasó entre tobillos, esquivó zapatos y recorrió la avenida como si conociera cada grieta del pavimento.
A su paso, algunos gritaban “¡Ahí va!”, otros intentaban pisarla sin éxito, y no faltaron quienes reían a carcajadas. Era difícil distinguir si aquellas risas eran de histeria o de genuina diversión, pero lo cierto es que el roedor consiguió lo que pocos logran: robarle protagonismo a un acto cívico en plena marcha.
Su pelaje gris contrastaba con el suelo y, por un instante, brilló más que el propio sol ausente. Como un personaje secundario que toma el escenario sin pedir permiso, concentró todas las miradas.
Hombres intentaron acorralarla con pisadas heroicas que nunca dieron en el blanco. Ella, en cambio, corría como si ensayara cada giro, saltando obstáculos humanos con la precisión de un atleta urbano.
Varios videos virales y el recuerdo imborrable
En cuestión de minutos, celulares en alto grabaron la escena que, inevitablemente, empezó a circular en redes sociales desde diferentes ángulos y con versiones diversas.
Entre comentarios ingeniosos y comparaciones con caricaturas, el episodio se ganó un lugar en la crónica no oficial de las fiestas de independencia.
La marcha siguió su curso, las bandas continuaron con buen compás y los estudiantes avanzaron como si nada. Pero en el aire quedó esa mezcla de sorpresa, risa y alboroto que solo un imprevisto bien escenificado puede dejar.
Este viernes 17 de octubre, una rata veloz y de gran tamaño escribió un capítulo propio, inesperado y difícil de olvidar en el desfile estudiantil por la Independencia de Portoviejo que se conmemora este 18 de octubre.