En esta fecha, cuando las celebraciones suelen estar marcadas por luces, regalos y reuniones familiares, la Iglesia católica invita a mirar más allá de lo material para reencontrarse con el verdadero sentido del nacimiento de Jesús.
En un mundo marcado por la prisa, la tecnología y el consumismo, monseñor Eduardo Castillo Pino, arzobispo de Portoviejo, destaca la necesidad de rescatar los gestos sencillos, el tiempo compartido y la atención a los más necesitados.
¿Desde la óptica católica, cómo redescubrir el verdadero significado espiritual del nacimiento de Jesús más allá de las luces y regalos que dominan la temporada?
Detrás de las luces, la decoración y los regalos hay un origen. El mensaje central de la Navidad es uno de los pilares del cristianismo: Dios se hace cercano, se hace hombre y habita entre nosotros, como señala el Evangelio de San Juan.
Aunque hoy el nacimiento se presenta como algo bello y festivo, en realidad fue un hecho marcado por la dificultad. José y María tuvieron que salir de Nazaret por fuerza mayor, no encontraron alojamiento en Belén y Jesús nació en un establo. Ese contexto revela que Dios se manifiesta incluso en medio de la precariedad.
Lo mismo ocurre a lo largo de la vida de Jesús: su predicación, una condena injusta, las torturas y la muerte en la cruz, castigo reservado para criminales. El mensaje es claro: incluso donde parece que Dios no está, ahí está presente.
¿Qué rol juega la familia en la celebración navideña?
Uno aprende, en gran parte, de lo que ve: de los patrones de los padres, de la familia y de quienes están alrededor. Las actitudes de la familia ayudan muchísimo. Hacer un belén o un nacimiento; que los niños vean cómo la familia se reúne con otros para una novena, o cómo se realiza una colecta para los pobres en esa ocasión. Todo eso fortalece, evidentemente, a la sociedad. No se trata de organizarse para celebrarnos a nosotros mismos, sino de encontrar gusto en hacer algo bueno, en servir.
¿Cómo fortalecer esos lazos en un mundo donde las obligaciones diarias a menudo quitan tiempo para compartir en familia?
Justamente en una sociedad así, cuando alguien percibe un detalle de otro, lo valora mucho más. Porque esa persona ha sacado tiempo para mandarme un mensaje, una tarjeta o un regalo. Una palabra, una visita, el saber que alguien se tomó el tiempo, tiene muchísimo impacto, más que antes. Ese detalle gratuito se valora mucho más y llena.
En las reuniones familiares hemos visto cómo los teléfonos y el tiempo en las redes sociales interrumpen las conversaciones cara a cara. ¿La tecnología está afectando las relaciones interpersonales y la Navidad?
Sí, es verdad. Como todo, una parte se puede acercar, pero no debe ser solo eso. Es un complemento. Hay que hacer cosas, algo comunitario, por ejemplo. Si se reza una oración, si se hace una novena, si se canta o si cada uno comparte una acción de gracias por Navidad, ese tipo de cosas bloquean un poco la distracción y ayudan a unir.
Pero también hay cosas positivas. Pese a la creciente comercialización de la Navidad, también se han visto actos de generosidad, de compartir con el que menos tiene y eventos de solidaridad. ¿Eso da esperanza?
Sí, eso y también la visita. Porque cuando uno visita a alguien, esa persona siente que es importante. Eso le levanta muchísimo el ánimo, porque un regalo, digamos, es bueno, es un detalle, pero la visita, el contacto, tiene otro valor.
En definitiva... ¿qué debe prevalecer en Navidad y cuál debe ser el mensaje de esta fecha para los católicos y para la ciudadanía en general?
En primer lugar, la Navidad es como un gesto de reconciliación de parte de Dios, un acercamiento. Yo diría que la reconciliación entre las personas, incluso a nivel familiar, con vecinos o con quienes tal vez no se ha tenido mayor trato, encuentra en la Navidad una oportunidad.
La celebración religiosa siempre implica vincularse con Dios. El propósito no es solo celebrar con solemnidad el nacimiento del hijo de Dios, sino también imitarlo: acercándonos al otro, limando asperezas, dialogando y escuchando. Ese, pienso, debe ser el verdadero sentido de la Navidad. (8)