El sector comercial de Portoviejo inició el feriado de los Difuntos con pie derecho. Desde las primeras horas de este sábado 1 de noviembre, los alrededores del Cementerio General se llenaron de comerciantes y visitantes que vivieron la jornada con ánimo y fe.
Las calles Coronel Sabando y 10 de Agosto concentraron la mayor actividad. Los puestos de flores, dulces, y bebidas tradicionales dieron color a una mañana calurosa que marcó el comienzo de un fin de semana largo con alta afluencia.
Aunque el Día de los Difuntos se conmemora oficialmente el 2 de noviembre, la costumbre de los portovejenses es acudir desde un día antes para limpiar, adornar y visitar las tumbas de familiares y amigos.
Colada morada, la bebida más esperada del feriado
Entre los productos más buscados destacó la colada morada, una bebida tradicional que combina sabores frutales y especias. Narcisa Rosales, de 68 años, ofrece esta preparación frente al Cementerio General desde hace 18 años. Su puesto, ubicado en la esquina de las calles Coronel Sabando y 10 de Agosto, se ha convertido en una parada obligatoria para los visitantes.
Rosales prepara entre cuatro y cinco ollas grandes por día, de 35 a 45 litros cada una, para atender la alta demanda. Ofrece diferentes presentaciones: el vaso cuesta un dólar, la tarrina mediana 1,50 y la grande tres dólares. Además, incluye pan con cada compra de $1, una práctica que mantiene para atraer clientes.
Flores, velas y dulces acompañan la conmemoración
El comercio no se limitó a las bebidas. Los puestos de flores ocuparon buena parte de la acera frontal al cementerio. Los arreglos florales, elaborados con claveles, lirios y rosas, se vendieron desde un dólar hasta seis, según el tamaño y el tipo de flor. La venta fue constante, especialmente en las primeras horas de la mañana.
Las velas también tuvieron alta demanda. Comerciantes de larga trayectoria, como José García, ofrecían paquetes de velas grandes a un dólar, con fósforos incluidos. Muchos compradores optaron por adquirirlas para encenderlas en la tarde o la noche, cuando se realizan los momentos de oración junto a las tumbas.
A esto se sumaron los vendedores de dulces, como Wilson Anchundia, quien viajó desde Montecristi para instalar su puesto. Sus bandejas repletas de cocadas y bocadillos fueron parte del paisaje habitual del feriado. El precio popular de los dulces permitió atraer a familias enteras, especialmente en horas de la tarde.
Visitantes y devoción en los pasillos del cementerio
Entre los visitantes estuvo Marlene Franco, del centro de la ciudad, quien pasó varias horas arreglando la tumba donde está su hijo y su madre. También se observó a personas mayores, como Teresa Pico, del sector La California, que acudió para cumplir con la tradición que repite cada año.
A lo largo del día, el cementerio mantuvo un flujo constante de visitantes. El orden se garantizó con la presencia policial y el apoyo del personal municipal, que controló el tránsito y colaboró con la limpieza en los alrededores.
Un balance positivo por el Día de los Difuntos
El flujo de visitantes se espera que continúe este 2 de noviembre, fecha central de la conmemoración. Para entonces, los vendedores de flores, velas y colada morada proyectan duplicar las ventas alcanzadas durante la jornada inicial.
El Día de los Difuntos en Portoviejo no solo es una ocasión para recordar a los que ya partieron, sino también una oportunidad para mantener vivas las costumbres. Entre rezos, flores y sabores tradicionales, la ciudad demostró que la fe y el trabajo pueden convivir en armonía.