Conductores y peatones de Portoviejo reportaron esta semana la desaparición sistemática de bolardos de plástico en el distribuidor de tránsito del Paso Lateral Manabí Guillén y la vía a Montecristi. Estos dispositivos, instalados originalmente por la empresa pública Portovial entre 2015 y 2016, tenían como objetivo organizar el flujo vehicular en intersecciones críticas; sin embargo, el impacto de automotores y el presunto hurto de materiales han dejado desprotegidas estas zonas, incrementando el riesgo de invasión de carriles en horas pico.
Deterioro en los distribuidores de tránsito principales
La situación es especialmente crítica en la intersección que conecta el Paso Lateral con la carretera Portoviejo-Montecristi. Según testimonios de transportistas locales, como el taxista Wellington Delgado, los dispositivos han ido desapareciendo de forma progresiva. El proceso de deterioro inicia cuando los vehículos golpean los bolardos, dejándolos inestables, lo que facilita que personas dedicadas al reciclaje informal los retiren definitivamente del sitio.
"Han desaparecido poco a poco. Los vehículos los golpean, quedan flojos, y los chamberos se los van llevando".
Wellington Delgado, taxista.
La falta de estos elementos de canalización permite que conductores imprudentes invadan espacios no permitidos, elevando la probabilidad de colisiones en un sector que registra una alta carga vehicular y peatonal diariamente. Esta problemática se extiende al distribuidor de la vía a las Canteras, en las inmediaciones del complejo deportivo de Picoazá, donde conductores de carga pesada estiman que se ha perdido entre el 25% y 30% de la señalización vertical plástica.
A diferencia de las zonas periféricas, otros puntos de la ciudad mantienen su infraestructura intacta. En los distribuidores de la Terminal Terrestre y en la intersección de la calle Jorge Washington con la avenida 15 de Abril, cerca del Paseo Shopping, se observó que los dispositivos se encuentran completos y en óptimas condiciones de conservación, lo que evidencia un contraste marcado en el mantenimiento de la red vial urbana.
Deficiencias en la ciclovía y dispositivos reflectivos
Otro punto de preocupación para los ciudadanos es el estado de los bolardos ubicados a lo largo de la ciclovía. En el tramo que comprende desde la Universidad Técnica de Manabí (UTM) hasta el Jardín Botánico, la infraestructura presenta un desgaste avanzado en sus componentes de seguridad pasiva.
Moradores de la ciudadela El Forestal denunciaron que la cinta reflectiva de la mayoría de los dispositivos ha perdido su funcionalidad. En algunos casos, el material se ha desprendido por completo, mientras que en otros el desgaste impide que cumplan su función de guiar a los ciclistas y conductores durante la noche. Esta situación convierte a los bolardos en elementos meramente decorativos que no aportan a la visibilidad nocturna ni a la prevención de accidentes en una vía de alta velocidad.
Gestión de reposición y respuesta oficial
La instalación de estos dispositivos hace casi una década respondió a un plan de mitigación de la conflictividad vial en puntos donde el irrespeto a las señales horizontales era frecuente. No obstante, el tiempo de vida útil y la falta de un programa de reposición inmediata han mermado la eficacia del sistema de seguridad vial en las rutas de acceso a la capital manabita.
Ante esta situación, este medio solicitó una entrevista formal con las autoridades de la empresa pública Portovial para consultar sobre la existencia de un cronograma de mantenimiento o un proyecto de inversión para la sustitución de los bolardos dañados. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, la entidad no ha emitido un pronunciamiento oficial ni ha detallado si se contempla la adquisición de nuevos elementos de señalización para los sectores afectados.