Hay quienes custodian bienes inmuebles, pero para Herlinda Loor Pinargote la responsabilidad es aún mayor: guarda los vestidos de la Virgen de La Merced , símbolos de devoción y fe en la ciudad de Portoviejo. “Por muchos años estoy al frente de esta gran responsabilidad, los he sabido cuidar”, asegura.

Durante los 15 días de celebraciones patronales , la Virgen debe cambiar de atuendo día por medio. La tradición establece que cada vestido donado por los devotos, generalmente en cumplimiento de una promesa o en agradecimiento por un milagro recibido, debe ser lucido por la patrona en la procesión o en los actos litúrgicos.

Este año, la Virgen cuenta con ocho vestidos preparados para la festividad, frente a los seis del año pasado. En total, la imagen ha lucido 157 vestidos , todos resguardados por Herlinda.

La emoción de los fieles

Para la comunidad portovejense, cada cambio de vestuario es un momento esperado con fervor. Herlinda describe que estas fechas son recibidas con “ansias, cariño y respeto”, y que los devotos sienten la protección de la Virgen en cada acto.

La procesión marca el cierre de las festividades, y Herlinda, como muchos otros fieles, se prepara para acompañar a la Virgen en el recorrido. “A seguirla hasta lo último, porque eso es”, expresó al referirse al último día de la fiesta.

La necesidad de una casa propia

Uno de los desafíos que enfrenta esta tradición es la falta de un espacio permanente y exclusivo para el resguardo de los vestidos. Tras el terremoto de 2016 , la vivienda donde permanecían sufrió graves afectaciones. Herlinda recuerda que debió guardar 19 maletas con los vestidos hasta que el Monseñor Eduardo Castillo ofreció un espacio en el tercer piso de la Catedral Jesús el Buen Pastor .

A pesar de esta solución temporal, los devotos consideran que lo ideal es que la Virgen cuente con una casa propia para conservar sus vestidos en condiciones adecuadas. Una de las alternativas en análisis es que los trajes puedan reposar en alguna de las casas patrimoniales de Portoviejo, lo que daría también un valor cultural y turístico a la tradición.

Un cuidado especial

Los vestidos de la Virgen son confeccionados con materiales delicados que requieren de un tratamiento especializado. La ventaja es que, desde hace 57 años , la lavandería central de Portoviejo lava gratuitamente estas prendas en seco. Este gesto de solidaridad ha permitido que la ropa se mantenga en perfecto estado a lo largo del tiempo.

“No es que la ropa esté sucia, pero hay que lavarla y guardarla en fundas especiales para que permanezca impecable”, detalló Herlinda. Esta práctica garantiza la preservación de cada vestido y refleja la importancia que la ciudad otorga a su patrona.

Significado cultural y religioso

Los vestidos de la Virgen de La Merced no solo representan un acto de fe individual, sino también un elemento de identidad colectiva. Cada familia que dona un traje establece un vínculo con la comunidad y con la historia religiosa de Portoviejo.

Este patrimonio textil, que ya supera el centenar de piezas, constituye un legado cultural que podría convertirse en atractivo turístico si se logra un espacio adecuado de conservación y exhibición.

Una tradición que perdura

La custodia de los vestidos de la Virgen de La Merced trasciende el ámbito religioso. Es un ejemplo de cómo la fe, la organización comunitaria y la colaboración institucional permiten preservar costumbres que forman parte del tejido social.

Herlinda Loor Pinargote, como guardiana de esta tradición, no solo vela por los trajes de la Virgen, sino que asegura la continuidad de una práctica que refuerza la identidad de Portoviejo y su conexión espiritual con la patrona.

Contexto y relevancia

Las fiestas patronales de la Virgen de La Merced en Portoviejo son uno de los eventos religiosos y culturales más importantes de la ciudad. Cada septiembre, miles de fieles participan en misas, procesiones y actividades comunitarias que dinamizan también el comercio local y atraen a visitantes de otras localidades.

El cuidado de los vestidos de la Virgen, bajo la custodia de Herlinda, se convierte así en un acto que asegura la continuidad de una tradición de generaciones. La expectativa de contar con un espacio propio para los trajes de la patrona refleja el interés por preservar y proyectar esta práctica hacia el futuro.