“Altagracia” camina despacio por las calles de la parroquia San Pablo, reconoce su rutina diaria y espera, paciente, el cocolón que tanto le gusta.
Cada mañana, Josefa Chinga baja desde la zona alta de San Pablo hacia el mercado mayorista de Portoviejo. Recorre más de diez cuadras y a su lado va Altagracia, una burrita que la acompaña desde hace dos décadas. Juntas recorren el mismo camino para recoger la comida del animal y continuar una rutina que se repite sin prisa.
La compró en 30 dólares
Altagracia tiene al menos 20 años. Chinga no recuerda la fecha exacta, pero sí el momento en que la compró, cuando aún estaba “pichoncita” y pagó 30 dólares. Desde entonces, la burrita ha sido su apoyo en las labores diarias y en el traslado de lavaza y su propio alimento.
Al llegar al mercado, Altagracia no ingresa. Permanece atada en el parterre central de la avenida Ramos Iduarte, donde espera el cocolón y el pan que le regalan y que su dueña le acerca. “Eso es lo que le gusta”, dice Chinga mientras la acaricia.
Desde hace seis meses, Chinga debe dejarla con cadena porque se robaron en los exteriores del mercado. La dejó amarrada y, al regresar, ya no estaba. Ese mismo día, con ayuda de un amigo, logró recuperarla, pero desde entonces, no la descuida.
En cada recorrido, Altagracia aprovecha para comer paja o alguna verdura que encuentra en la calle, mientras camina despacio.
Una mascota del barrio
En el barrio, Altagracia es conocida. Es la mascota, la que los niños observan, pero no montan. “Es chúcara”, explica Chinga. Los ruidos de motos y carros la asustan; tiembla y se inquieta cuando los escucha.
En casa, duerme en el patio, atada con un cabo. No se ha enfermado. Tiene veterinario, recibe vitaminas y cuidados constantes. Es la consentida del hogar.
Cada vez menos burros
Chinga asegura que Altagracia nunca tuvo cría. No hubo con quién porque en Portoviejo ya no hay burros machos. Antes eran comunes en esta parroquia urbana, pero ahora casi no ven. “Ahora son puras motos”, menciona Chinga.
Las cifras del Sistema de Información Pública Agropecuaria (SIPA) confirman esa ausencia de los asnos. En Manabí, la población asnal pasó de 18.664 en 2014 a 5.392 en 2024, lo que representa una disminución cercana al 71 %. Cada año hay menos, revelan las cifras.
En ese paisaje urbano,Altagracia es una de las pocas que quedan. Es parte de la familia de Josefa Chinga y, quizás, una de las últimas burritas que aún recorre las calles de Portoviejo.