Catorce años después del cierre de Reales Tamarindos, la memoria de Armando Alcívar mantiene viva la historia del aeropuerto de Portoviejo.
Alcívar conserva fotografías de lo que fue el aeropuerto y sus recuerdos se mezclan con nostalgia, orgullo y memoria. Recuerda con exactitud cada momento vivido en el aeropuerto Reales Tamarindos, donde trabajó durante 33 años y fue testigo directo de su historia.
Llegó al aeropuerto el 1 de enero de 1978, cuando aún era un espacio dinámico, con un movimiento aéreo constante y una comunidad ligada profundamente a su actividad. Su labor empezó en la torre de control, donde mantenía contacto directo con los pilotos, orientaba rutas y coordinaba las operaciones.
Sus relatos se remonta en 1927, cuando el aeropuerto se abrió como un campo de aviación, gracias a que once portovejenses adquirieron los primeros terrenos. Otra parte de los terrenos fueron de una donación, que permitió que el aeropuerto creciera y alcanzara una ubicación estratégica en Portoviejo.
Un aeropuerto con larga historia
Durante el conflicto bélico de 1941, Alcívar relata que el presidente José María Velasco Ibarra tomó posesión de tierras en el sector para instalar una base aérea con aviones. Estas operaciones se relacionaban con la defensa nacional en medio del escenario militar que atravesaba el país. La pista del aeropuerto de Portoviejo adquirió importancia por su ubicación.
Años después, cuando terminó esa etapa política, llegó el presidente Camilo Ponce Enrique, quien —según relata Alcívar— compró los terrenos y las inscribió a nombre del Consejo Provincial de Manabí, bajo una escritura destinada a la defensa nacional y con carácter de perpetuidad.
Para Alcívar, ese capítulo explica parte de la importancia que Reales Tamarindos tuvo por décadas. De hecho, menciona que con el auge camaronero, en 1982, hubo más de 100 vuelos diarios, muchos de ellos dedicados al transporte de hielo y camarón hacia Pedernales.
Los vuelos nacionales hacia Quito y Guayaquil también eran a diario y por la década de los 1990, la demanda de pasajeros era alta. "Había que comprar pasajes con ocho días de anticipación porque no había cupos, principalmente para Quito", afirma Alcívar, al mencionar que alrededor de 5 compañías aéreas realizaban base en Portoviejo.
Fue elevado de categoría
Desde que se abrió el aeropuerto Reales Tamarindos, jamás hubo un accidente y era considerado seguro con una buena ubicación. Alcívar recalca que por esa situación, tres meses antes del cierre, la Organización de Aviación Civil Internacional elevó la categoría del aeropuerto y pasó de D a C. Con ese ascenso, se invirtió cerca de 2 millones de dólares para mejorar la pista y se construyó un canal de evacuación de agua hacia el río, con once bombas sumergibles.
Alcívar lamenta el cierre del aeropuerto Reales Tamarindos, ocurrido el 9 de diciembre del 2011. De hecho, dice que por su lucha y gestión, fue despedido nueve días antes de que se anunciara el cierre del aeropuerto. "La excusa era de que empezaba a haber menos vuelos", menciona, al cuestionar aquello y revelar que eso ocurrió por "personas indeseables de gran poder económico y político que se unieron para su cierre".
"Era un gran desarrollo para Portoviejo. Con el cierre del CRM y por el cierre del aeropuerto, Portoviejo ha decrecido", precisa.
Un testimonio que se mantiene firme
A 14 años del cierre, Alcívar sostiene su compromiso con la defensa del aeropuerto. Afirma que forma parte del colectivo ciudadano que cuestiona la venta y transformación del terreno, al considerar que era un bien público, protegido por normativas que impedían su privatización.
Mientras observa fotografías que conserva desde hace décadas, mantiene la convicción de que Reales Tamarindos fue esencial para el desarrollo de Portoviejo, que su ubicación fue inigualable y que su cierre marcó un cambio profundo en la dinámica económica y social.