Portoviejo se ha convertido en una ciudad donde las normas de tránsito parecen ser opcionales.
Carros y motos invaden constantemente los pasos cebra, ignorando por completo el derecho de los peatones. Para muchos, los semáforos en rojo ya no significan “detenerse”, sino “mira y cruza si no viene nadie”. Lo preocupante es que esta conducta no solo pone en riesgo a los conductores, sino también a peatones, niños, personas mayores y ciclistas que comparten las vías.
La situación ha llegado a tal punto que ni las propias grúas respetan las reglas. Irónicamente, podría decir que harían falta más grúas solo para llevarse entre ellas. Es una imagen absurda pero real, que refleja el desorden que domina las calles de la ciudad.
Los taxis, por su parte, ya no buscan paradas en un estacionamiento; ahora quieren dejar y recoger pasajeros prácticamente dentro de las casas, con maniobras peligrosas e invasivas. Lo peor es que muchos de ellos tienen parqueaderos asignados o no cerca de instituciones educativas, y prefieren bloquear calles. Las busetas no se quedan atrás: se detienen donde les da la gana, sin importar la seguridad ni la fluidez del tráfico.
Y si hablamos de los peatones, tampoco se salvan. Muchos cruzan por donde les da la gana, incluso teniendo un paso cebra a pocos metros. El desinterés por seguir las normas es generalizado. Es como si se hubiera normalizado el caos.
Yo me imagino un Portoviejo distinto: con dobles vías bien diseñadas y señalizadas, estacionamiento permitido solo en un costado de la calle, y agentes de tránsito presentes donde realmente se los necesita. Un Portoviejo donde dejar a alguien en una escuela o universidad no implique ver hasta tres filas de autos bloqueando una vía de un solo sentido, generando embotellamientos innecesarios y pérdida de tiempo para todos.
Y es que hablo de mi querido Portoviejo porque lo vivo a diario, pero este problema existe en todo Manabí.
Merecemos un cambio. Es indispensable exigir mejoras de infraestructura, pero debemos recuperar algo básico que se ha perdido: educación, conciencia y respeto vial. Solo así podremos construir una ciudad más ordenada, segura y digna para todos sus habitantes.
Recordemos que la cultura vial es fundamental porque promueve la convivencia segura y ordenada en las vías, tanto para conductores como para peatones y ciclistas. No se trata solo de conocer las normas de tránsito, sino de respetarlas conscientemente para proteger la vida propia y la de los demás.
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