El 2024 fue un annus horribilis para Ecuador. Conscientes de nuestra tragedia, por esa extraña manía de fijarnos en las desgracias ajenas, hallamos consuelo en saber que otro pueblo la estaba pasando peor.
Pero si la violencia nos asediaba, la crisis económica, moral y política alcanzaba cumbres inusitadas, mientras los apagones eran un martirio diario. ¿Se puede estar peor?, nos preguntábamos incrédulos, resignados al último lugar entre los países condenados al subdesarrollo. “Siempre se puede estar peor”, afirmarían los pesimistas. Y para confirmarlo, quién mejor que el folclórico Nicolás Maduro, cuando a finales de septiembre del año pasado manifestó: “Vamos a aplicar la fórmula de otros años, que nos ha ido muy bien, para la economía, para la cultura, para la alegría, la felicidad, y vamos a decretar que desde el 1 de octubre arranca la Navidad en Venezuela”. Y así, sin más, la tenebrosa situación de aquel país, súbitamente, adoptó un artificial ambiente navideño.
¡Bingo!, dijimos sonriendo con aires de superioridad. Y nuestros políticos respiraron aliviados frente al anuncio navideño de Maduro. “Ese disparate es imposible de igualar”, suspiraron.
Pero el tiempo, juez implacable, condena la soberbia con severas sentencias. El castigo que se impone al infractor es el trago amargo de sus palabras. El pasado no tolera el olvido. Y así, en menos de un año, recibimos con asombro el decreto emitido días atrás: el décimo tercer sueldo —ícono reservado para épocas navideñas— se pagará anticipadamente. Este adelanto solo será para los trabajadores del sector público, aunque el mandatario invitó a la empresa privada a sumarse a esta iniciativa. La fecha de pago: viernes 14 de noviembre, dos días antes de la consulta popular. ¡Qué coincidencia!
El presidente Noboa argumenta que con esto pretende fomentar la economía local, pues, al adelantar el décimo tercer sueldo, las familias de los funcionarios públicos “tendrán más dinero durante el Black Friday y el Cyber Monday”. Qué maravilla, se adelantó la Navidad.
La frase “Si miras demasiado tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti”, de Friedrich Nietzsche, resulta apropiada para explicar este déjà vu autoimpuesto por decreto presidencial. Nos fijamos tanto en la desgracia venezolana para consolarnos de nuestro propio tormento, que elegimos al líder que juró apartarnos de esa desdicha para terminar haciendo hoy lo que criticó ayer. Mientras tanto, el abismo del que habla Nietzsche dejó de ser patrimonio exclusivo venezolano. Total, tanto allá como acá, los villancicos suenan desde octubre.