En los últimos años hemos vivido múltiples jornadas de protesta lideradas por movimientos indígenas.
Aunque históricamente estas manifestaciones han respondido a causas legítimas —como la defensa del territorio, la justicia social o la oposición a políticas neoliberales—, en los recientes paros nacionales ha surgido una duda cada vez más persistente entre la ciudadanía: ¿qué es lo que realmente buscan los dirigentes indígenas? ¿Hay una causa clara o se trata de una estrategia encubierta para favorecer a grupos oscuros?
La ambigüedad de sus demandas es uno de los aspectos más cuestionados. Los líderes han mencionado temas como la subida del precio del diésel o el alto costo de vida, pero estas exigencias han sido presentadas sin un marco claro de soluciones o propuestas concretas. Se denuncian las políticas del gobierno de turno, sin precisar con claridad qué se espera lograr con el paro ni cómo se plantea resolver los problemas estructurales que afectan a los sectores más vulnerables.
Además, sorprende la postura contradictoria respecto a temas como la asamblea constituyente. Mientras sectores progresistas, e incluso algunas bases indígenas, la ven como una oportunidad para redefinir el pacto social y asegurar derechos colectivos, los dirigentes nacionales han manifestado su rechazo frontal a esta posibilidad. ¿Por qué negarse a una herramienta democrática que, al menos en teoría, permitiría a los pueblos originarios tener más representación y participación directa en la toma de decisiones?
Otra preocupación creciente es la aparente alineación de los dirigentes con un sector político. Aunque es cierto que cualquier grupo puede tener afinidades ideológicas, el problema surge cuando se pierde independencia política y los movimientos sociales parecen actuar como simples recaderos de un proyecto personalista. Esta percepción mina la credibilidad del movimiento indígena como fuerza autónoma, plural y representativa de diversas voces.
La falta de claridad, la violencia con la que actúan, la negativa a procesos de cambio estructural como la constituyente y la cercanía con el correísmo y grupos ilegales generan una gran confusión y rechazo en la ciudadanía. ¿Están los dirigentes luchando por los intereses de sus comunidades o por propósitos particulares inconfesables?
De hecho, los dirigentes de los últimos años parecen haber perdido el rumbo. Sus demandas se sienten desarticuladas, sus posturas violentas generan rechazo ciudadano y su cercanía con actores políticos cuestionados causa desconfianza. Si desean recuperar la legitimidad y el apoyo del pueblo, deberán transparentar sus objetivos, distanciarse de intereses ajenos a sus bases y construir propuestas claras que respondan verdaderamente a las necesidades de sus comunidades.
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