En 1960, el Dr. Velasco Ibarra fue el candidato popular para ejercer, por cuarta vez, la presidencia de la República. Su principal contrincante era Galo Plaza Lasso, en representación de una coalición de partidos de centro derecha llamada Frente Democrático Nacional.

Fue un enfrentamiento claro entre las clases populares y los sectores empresariales y oligárquicos de la Costa y de la Sierra. En aquella contienda también participaron el Dr. Gonzalo Cordero Crespo por el Partido Conservador y el Dr. Andrés F. Córdova por el Partido Socialista.

La contienda culminó con el triunfo arrollador del Dr. Velasco Ibarra, a tal punto que, aun sumando los votos de sus adversarios, no lograban igualar la votación obtenida por el candidato popular. Tras su victoria, él —dueño de una oratoria extraordinaria— dijo: “el pueblo ecuatoriano es altamente intuitivo; guiado por su sabiduría innata, es capaz de discernir quién es sincero y quién lo engaña”.

Evocar esta reminiscencia histórica resulta oportuno después de que, contra todo cálculo y encuestas, el pueblo —respondiendo a las preguntas formuladas por el presidente Noboa Azin— dijo un no rotundo que dejó perplejos a propios y extraños.

Quiero destacar el rechazo a la reinstalación de una base militar extranjera en territorio nacional y, en particular, la votación en Manta y Jaramijó. Esto evidencia, por una parte, el respeto a la soberanía nacional y, por otra, que esas poblaciones no han olvidado los abusos cometidos por militares estadounidenses durante su permanencia en el país. Absurdamente se les concedió inmunidad para cometer atropellos y delitos, como hundir barcos pesqueros so pretexto de combatir el narcotráfico, tal como ahora vemos —perplejos e indignados— en el Caribe y en el Pacífico. Son crímenes que algún día deberán ser sancionados por la justicia internacional. Es justo reconocer que nuestras Fuerzas Armadas y la Policía trabajan denodadamente en el combate a la violencia, al narcotráfico y a la inseguridad.

No cabe duda de que la Constitución de Montecristi merece ciertas enmiendas de forma, incluso en su defectuosa redacción gramatical. Se abusa de expresiones como “las y los jueces”, incorporadas para satisfacer a ciertos sectores feministas que impusieron esa redacción, así como de otras fórmulas que deberían revisarse. También es necesario modificar leyes orgánicas como el COIP. Vale recordar que la parte dogmática y doctrinaria fue trabajada, en gran parte, por el Dr. Gustavo Jalk, y la parte económica y social por el economista Alberto Acosta Espinoza. Sería pertinente que la Asamblea Nacional designe un comité de juristas y maestros de gramática para realizar las enmiendas necesarias.

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