La capital de Manabí, la Villa Nueva de San Gregorio de Portoviejo, cumplió 205 años de su independencia política del Reino de España.
Esa gesta fue protagonizada por criollos empobrecidos y abandonados, quienes vivían orgullosos de su pasado castellano, con títulos nobiliarios heredados en la villa leal a la corona de sus conquistadores.
Sin embargo, los nobles españoles, quienes desde la fundación siempre huían de los piratas, se asentaron en el apacible valle de Portoviejo, gracias al acuerdo de protección con el cacique de Picoazá, a cambio de no relacionarse con sus mujeres. Seguramente los españoles respetaron ese pacto; por eso no se produjo entre sus pobladores el mestizaje y se mantuvieron puros.
Los españoles y sus descendientes no fueron capaces de llegar a acuerdos más amplios con sus vecinos, que eran —y ahora aún lo son— grandes mercaderes. Los picoazos son poseedores de un acumulado histórico milenario; fueron comerciantes, navegadores en la costa del Pacífico y constructores de una gran ciudad en las faldas de su cerro, más grande que Machu Picchu, en Perú.
Portoviejo, con su parroquia urbana de Picoazá, puede convertirse en la capital de la interculturalidad ecuatoriana. Es poseedora del mayor yacimiento arqueológico del Ecuador, con su silla ceremonial —única en el mundo—. Las culturas prehispánicas que existieron en lo que hoy es Manabí jamás fueron conquistadas por los incas. Sus pobladores, con la gran cultura Jama Coaque en el norte y el señorío de Picoazá, conservaron su identidad.
Ahora el reto es fortalecer nuestra identidad como pueblo, con características propias y diversas a lo largo de la geografía provincial. Eso nos obliga a contribuir a la unidad de Manabí y a elaborar una agenda mínima de reivindicaciones para lograr las transformaciones sociales que la provincia necesita.
Creo que podemos avanzar si recuperamos el manejo de nuestras cuencas hídricas con autonomía administrativa. De igual manera, la delegación del puerto de Manta permitiría convertirlo en el puerto de transferencia de Ecuador —que el centralismo prefirió que se fuera a Perú—. Simultáneamente, en Portoviejo se debe implementar el CIAL para dar el gran salto a la agroindustria y, finalmente, recuperar el patrimonio cultural que permitirá desarrollar el turismo cultural.
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