El candidato presidencial debe contar con un equipo, debe tener su gente en cada rincón del país, porque se necesitan de muchas personas, son muchos puestos o cargos públicos que hay que designa.
Copio esta frase de un ciudadano común, polémico, de amplio conocimiento de la vida, del sector donde vive, de las personas, aquel personaje que por su experiencia política ha vivido grandes decepciones, grandes inconvenientes, y que también debe haber tenido muchas fallas, querido por muchos, criticado por otros, porque por su forma de ser puede dar la impresión de no confianza, sin embargo mira de frente, buscando algo más que palabras en su interlocutor; conocedor de la política local, me detengo a conversar con él, a propósito de las elecciones presidenciales, después de un intercambio de ideas, me invita a reflexionar cuando me dice “la mayoría de la gente que se sube a la camioneta ganadora, no son más que pescadores de puestos”.
Inicié con esta introducción, porque quería expresar nuestra realidad, escuchada del pueblo, pero que guarda la más triste verdad de lo que ocurre alrededor de un candidato en una elección; y me pregunto, ¿qué hacemos? Por supuesto, se necesita quienes acompañen en campaña, quienes sigan y apoyen al candidato, quienes respalden su propuesta. No todos estarán pensado en puestos, algunos lo harán por convicción, porque creen en un cambio, porque están hastiados de lo mismo o porque apostamos al menos malo; pero en su mayoría buscan trabajo.
El candidato presidencial debe contar con un equipo, debe tener su gente en cada rincón del país, porque se necesitan de muchas personas, son muchos puestos o cargos públicos que hay que designar, son miles de ciudadanos que hay que colocar, pero estos deben cumplir con requisitos y condiciones para hacer una labor de cambio, de efectividad y eficacia para no caer en aquello que el presidente Noboa llama “el viejo Ecuador” y con justa razón, porque las malas mañas, el chantaje, la inoperancia y las deslealtades están a la orden del día.
Mucho se ha dicho de los improvisados, es cierto que la falta de experiencia muchas veces cobra factura; sin embargo, entre los errores de un funcionario improvisado a la corrupción engendrada en las instituciones por gente que cree que así funciona el sistema, me quedo con el novato que no tardará en aprender pero que irá con pie firme hacia una nueva nación; solo que no deben olvidarse que también hay gente buena que ya creció, que también tiene experiencia, y que puede aportar mucho en el nuevo país que tratan de crear.
Lo idóneo será saber quiénes son, en quienes confiar, tener ese sexto sentido de valoración para que se pueda conjugar la juventud y la experiencia, la preparación y la honestidad, porque el país ya no tolera errores.